Por: Linda Villamizar

Nadie nos prepara para la cantidad de duelos que viviremos a lo largo de nuestra vida y puede que en algunos de ellos estemos solos, nadie nos logra decir qué hacer o cómo sentirnos mejor, porque es un proceso que muchas veces vivimos en silencio sin emitir alguna muestra de dolor.
Mientras vivimos el proceso la vida no se detiene, las pérdidas y el dolor después de esto no hacen que la vida de una pausa, ni espera a que vuelvas a estar bien, todo sigue su trayecto tal como debe ser.
Cuando vives una ruptura amorosa, cuando el corazón no encuentra motivo alguno para comprender por qué le han dejado grietas tan profundas, los que lideran la compañía en la que trabajas no se detendrán a comprender tu sentir, ni mucho menos esperarán a que vuelvas a estar bien, es tu deber seguir produciendo y generando resultados.
Cuando no notaste que era la última palabra, el último abrazo, la última sonrisa que verías de esa persona, ¿Cómo continuas? Sigues caminando por las calles de la ciudad, sintiendo la brisa en tu cuerpo, sintiendo el aire, las hojas, el cielo, ¡vaya inmenso cielo! que por infinito que se vea nos recuerda que esa persona ya no está; e intentamos seguir viviendo por ellos, por lo que en algún momento expresamos que queríamos lograr, pero han pasado días, meses, años y aun te acompaña esa sensación de recuerdo y nostalgia profunda.
Creo fielmente que no olvidamos, seguimos viviendo con esa sensación, con esa ausencia y ese añoro de alguna vez verle, incluso, anhelamos recordarle, verle en sus series o películas favoritas, escucharle en esa canción que ambos solían cantar a todo pulmón, o aquella que ambos se detenían a sentir para percibir el tiempo lento, queremos verle en lo que más le gustaba apreciar, en los lugares que juntos frecuentaron o en aquellos que les faltó aventurar.
Nadie se detiene, nada se detiene, aquella persona que se fue, aquel trabajo en el que ya no estás, los sueños que no lograste, la vida que soñaste y dejaste pasar, todos ellos siguen su curso, mientras nosotros sentimos cómo el corazón se hace hielo, nuestras manos las sentimos vacías, un nudo se apodera de nuestro pecho, y ahí está nuevamente, un mar de lágrimas que no logramos controlar, lloramos hasta aliviar un poco el alma.
Recordar con amor es algo que en definitiva siempre hacemos cuando alguien se nos marcha, agradecemos entonces por el tiempo que vivimos aunque hubiéramos querido más, tenemos las experiencias para recordarle, para saber que siempre estarán en nuestra memoria, nuestros sentimientos son confusos, no logramos entender cómo alguien está y luego simplemente ya no existe en nuestras vidas, y nadie termina de explicarnos lo que sucedió, pero pueden estar, ellos ahora lo están, las personas no esperarán, no se logran guardar para un después, y podemos tenerles cerca apaciguando nuestra mente.
Después de todo nadie sabe qué es lo correcto, ni sabe si lo que dice ayudará, ni el modo correcto para vivir el duelo, porque cada uno lo hemos vivido de una manera diferente, solo sé que reprimirnos para nada está bien, solo sé que tenemos estas emociones y que debemos experimentarlas, que si otros no logran ser amables con nosotros en este proceso, podemos serlo nosotros mismos, siendo pacientes, cuidándonos, permitiendo que el proceso se desarrolle a su propio ritmo, sin querer olvidar nada y sintiendo todo, pero intentando no caer en el abismo.

Sobre la autora:


Columnas recientes
Busca columnas por autor






Deja un comentario