El día que me quieras, será el día en que el desierto cederá su rigor y, como un milagro, brotarán flores en los cactus que lo habitan. El cóndor, testigo eterno de los Andes, alzará su canto sobre las cimas, y las viudas, en su desdicha, verán sus plegarias escuchadas. En ese día, la sequía cederá ante una lluvia de lágrimas, como si el cielo también llorara por mí.
el día que me extrañes. Derrumbarás los castillos que he erigido en mi mente, esas fortalezas que guardan mis miedos más oscuros, y el hielo que cubre la montaña de mi inseguridad se derretirá. Una luz nueva se asomará, iluminando los rincones donde se esconden mis demonios. Pero en ese mismo instante, las tormentas de dudas se desatarán, y torrentes de inseguridades caerán en cascada por mi alma.
El día que me ames, la máquina con la que te escribo dejará de ser una simple herramienta y sus teclas volverán a cantar. La tinta, que alguna vez dudó, se animará a salir y manchará el papel con palabras que antes temía escribir. Ese día, volveré a ver a Dios en las esquinas, y mis pulmones, ennegrecidos por el tabaco, se llenarán de aire fresco. Los versos fluirán por mis venas, y tus labios se grabarán en los míos.
El día que me pienses El mundo dejará de girar, y en ese instante de quietud, escucharé el latido de mi corazón, diciéndome que tú eres el amor de mi vida, la única que puede salvarme de la muerte.
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