De: FERNANDO REINA


«Es prioritario promover un aprendizaje dinámico y práctico que transforme el conocimiento teórico en acciones significativas dentro del proceso de Enseñanza-Aprendizaje en el aula de clases».
En el contexto educativo, los conceptos de “Saber” y “Hacer” representan dos aspectos fundamentales del proceso de aprendizaje. “Saber” se refiere al conocimiento teórico, la acumulación de información, y la comprensión de conceptos que los estudiantes adquieren a través del estudio. Por otro lado, “Hacer” implica la aplicación práctica de ese conocimiento, donde los estudiantes utilizan lo aprendido para resolver problemas, crear proyectos, o participar activamente en experiencias que refuercen su comprensión.
La relación entre estos dos aspectos es crucial en el aula de clases, ya que permite a los estudiantes conectar lo que saben con lo que pueden hacer, logrando un aprendizaje más significativo y duradero. Sin embargo, ¿cómo se puede fomentar efectivamente esta transición del “Saber” al “Hacer” para impulsar la participación activa en el aula de clases? Es necesario implementar estrategias pedagógicas que integren el conocimiento teórico con actividades prácticas, permitiendo a los estudiantes convertirse en agentes activos de su propio aprendizaje, a través de situaciones problemas reales.
Para fomentar esta conexión entre el conocimiento (Saber) y la acción (Hacer), es esencial crear un ambiente de aprendizaje que promueva la participación activa de los estudiantes, y los docentes como agente facilitador de este proceso. La clave está en diseñar actividades que no solo reten a los estudiantes a pensar críticamente sobre lo que han aprendido, sino que también les den la oportunidad de aplicarlo de manera práctica. Este enfoque ayuda a los estudiantes a ver el valor real de lo que están aprendiendo, ya que pueden ver cómo se traduce en acciones concretas. La enseñanza debe ser flexible, permitiendo la adaptación del contenido teórico a contextos prácticos que reflejen situaciones de la vida real. Al incorporar el “Hacer” en el proceso educativo, los estudiantes desarrollan habilidades como la resolución de problemas, la colaboración, y la creatividad, las cuales son fundamentales para su éxito tanto dentro como fuera del aula.
Además, es importante que los docentes guíen a los estudiantes mientras exploran la aplicación práctica de su conocimiento. En lugar de ser simples transmisores de información, ellos deben estimular la curiosidad, el pensamiento crítico, y la experimentación en sus estudiantes. Esto no solo involucra la mente, sino también las manos y el corazón, creando una experiencia de aprendizaje completa que prepara a los estudiantes para los desafíos del mundo real. Asimismo, el enfoque en la participación activa fomenta un sentido de pertenencia y responsabilidad en los educandos, quienes ven sus aportes reflejados en los resultados de sus acciones. Así, el aula de clases se convierte en un espacio de co-creación, donde el conocimiento se construye colectivamente y el aprendizaje se vive de manera dinámica.
Es importante resaltar que la transición del “Saber” al “Hacer” en el aula de clases es fundamental para formar estudiantes que no solo comprendan el conocimiento teórico, sino que también sean capaces de aplicarlo de manera efectiva en situaciones prácticas. Este enfoque no solo mejora la retención del conocimiento, sino que también desarrolla habilidades esenciales para la vida. Los estudiantes que participan activamente en su aprendizaje se convierten en individuos más seguros, capaces de enfrentar desafíos con creatividad y determinación. Por lo tanto, es imperativo que las instituciones educativas adopten prácticas pedagógicas que integren el “Hacer” como una parte central del proceso de enseñanza, transformando el aula en un espacio donde el conocimiento cobra vida a través de la acción.

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