Ya no quiero escribir poesía, no quiero ser poeta. Ya no deseo vestir de palabras el dolor que me diste, ni decorar con metáforas el vacío que dejaste. Mis versos, esos que alguna vez nacieron de la alegría y el fervor, ahora se ahogan en un mar de indiferencia. No quiero regalarle más de mi esencia a un amor que solo supo responder con silencio.
El desgarro en mi pecho, esa punzada que me atraviesa en cada recuerdo, quiero que sea solo mío. No quiero transformarlo en tinta, no quiero diluirlo en letras que luego otros harán suyas. Quiero sentir la noche en su completa oscuridad, que el frío de la madrugada me hiele la piel sin la necesidad de darle forma en un verso. No quiero más ser vulnerable ante un lector desconocido, no quiero que mis secretos sean un tesoro desenterrado en cada línea que recitan.
Ya no quiero ser poeta, quiero dejar de serlo. Que mis poemas mueran en mi interior, que mis versos se asfixien entre las lágrimas que no puedo derramar. Que la tinta, esa fiel compañera de mis noches de insomnio, se deslice por el papel sin dejar rastro, borrando las huellas de lo que alguna vez fui.
Quiero olvidar que alguna vez escribí, que alguna vez versé con pasión desbordada, que alguna vez recité con el corazón en la garganta. Lo que antes era emoción pura, hoy es solo una rutina sin alma. Quiero ser un intento de escritor, nada más. Que mis palabras se desvanezcan en el aire, y mis versos se conviertan en un suspiro que nadie escuchó.
Deja un comentario