SOLTAR

Por: Ximena Rincón

Qué complicado es soltar ciertas circunstancias que nos suceden en la vida. Es una lucha constante día a día porque no solo luchas con la circunstancia, sino también con tu mente, que a cada momento te envía recuerdos de lo vivido. Recuerdos que te hacen pensar si soltar es lo correcto o si deberías aguantar un poco más. Es tan difícil decir «no sigo más en esta situación» y pasar la página, que cada vez que lo intentas, es como si una parte de ti se fuera con esa decisión. Es entonces cuando empiezas a dudar si es lo correcto. Qué complicado es iniciar de nuevo y reconstruirte poco a poco, porque cuando crees que ya superaste todo el caos, cualquier acontecimiento puede hacerte pensar que no has soltado nada y que sigues en el mismo lugar de siempre.

Si tan solo adoptáramos la costumbre de soltar cualquier situación que nos sucede en la vida, nos libraríamos de tantos malos ratos. Aprenderíamos que soltar es parte de la vida y que cada vez que lo hacemos, damos paso a nuevas experiencias. Soltar duele, sí, claro que duele, pero duele más seguir en lugares donde no puedes ser tú mismo, donde no valoran tu presencia ni tu trabajo, donde tienes más momentos de tristeza que de felicidad, y donde desperdicias tu tiempo y tu salud mental. Soltar no solo nos libera a nosotros mismos, sino que también libera a la persona o situación que soltamos. Es una palabra tan corta pero tan complicada de poner en práctica, porque es difícil dejar atrás esos momentos y convertirlos en recuerdos que, de alguna manera, siempre llevaremos con nosotros. Es un proceso que lleva tiempo porque no es fácil soltar lo que en algún momento nos dio felicidad. No es fácil dejar de sentir ese nudo en la garganta y detener las lágrimas cada vez que llegan los recuerdos. Pero todo eso forma parte del proceso de soltar.

Lo bueno de todo este caos es que una vez que sueltas, entiendes que necesitabas pasar por ese proceso para reconstruirte y ser tu mejor versión. Descubres que soltar no es un acto de debilidad, sino de valentía, porque requiere de una profunda reflexión y una conexión con nuestro ser más íntimo. Al final, te das cuenta de que las personas y las circunstancias siempre llegan a nuestra vida para enseñarnos algo nuevo, para hacernos más fuertes de lo que ya éramos. Soltar es, en realidad, un acto de amor propio, una forma de darnos la oportunidad de avanzar y de permitirnos ser libres.

Entender que soltar no es olvidar, sino aceptar que todo tiene un ciclo y que aferrarnos a lo que ya no es, solo nos retiene en un lugar de dolor. Soltar es reconocer que merecemos experiencias que nos llenen, relaciones que nos enriquezcan, y una vida donde podamos florecer. Y es en ese momento, cuando finalmente soltamos, que el peso se aligera, la mente se aclara y el corazón se abre a nuevas posibilidades.

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