ELEGÍA A CUATRO PATAS

Por: Jean Carlos Arenas Parra

«Tú al morir presentías vagamente
vivir en mi memoria,
no morirte del todo».

-Miguel de Unamuno

Ve.
La misma tierra
que alguna vez te trajo a nosotros
y te cubrió con su oscuridad original
de cabeza a cola,
solicita tu regreso.
Tu voz aguda y sin palabras
no volverá a anunciar
nuestro regreso a casa
ni nuestra piel volverá
a ser testigo
del amor incomprendido
en cada mordisco brindado.
El tiempo dejará de ser el mismo
ahora que ya no están
tus ojos inocentes
(diáfanos espejos)
en los que se nos iban las horas
tratando de descifrar en qué pensabas,
con qué soñabas,
qué historias nos contrarías
si tan solo el don de la palabra
se te hubiese dado,
pero en cambio el escuchar
sin condiciones,
sin juicios inútiles
ni cuestionamientos,
era en ti una virtud.

Nunca más tu presencia
suave y oscura
volverá a ser
un acto de rebeldía
al sol que tanto disfrutabas.
Nunca más tu amor
huracanado y malentendido
(pobre de lengüetazos
y miradas dulces,
pero siempre tan puro y genuino)
volverá a entrelazarse
irremediablemente
en nuestros días.
Pasaremos a ser
una religión obsoleta
cuando tú, creyente fiel y devota
de nuestra humanidad
(y no lo merecemos),
seas una estrella más en el firmamento
y donde tu residencia definitiva ahora sea
nuestra memoria,
de donde, desde el primer día,
ya sabías que no te ibas a ir jamás,
aunque ahora formes parte
del paraíso del que sólo tu especie
es realmente digna.

¿Qué nos quedará de tí,
cuál será tu herencia
más allá de un plato vacío,
un collar solitario
y el recuerdo incorpóreo
y persistente de tus pelos
en el sofá?
Nada material. Nada que el olvido
termine carcomiendo sin piedad.
Tan solo tu mirada,
algunas fotografías
y tu amor incondicional
que inevitablemente
se nos quedó aferrado al alma
a posteridad
y aunque ahora es tu ausencia
la que recorre cada rincón de la casa,
tu recuerdo nos habitará
por completo
hasta el día en que la vida
nos reúna de nuevo en la eternidad.

Ve, pequeña gota de humo.
Regresa al silencio de la noche infinita.

Para Bellota, in memoriam.
Gracias por 15 años de amor, quizás rabioso e incomprendido, pero siempre puro e incondicional.
Vivirás eternamente en nuestra memoria,
y ahora también en este poema.

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