«Tú al morir presentías vagamente vivir en mi memoria, no morirte del todo». -Miguel de Unamuno
Ve. La misma tierra que alguna vez te trajo a nosotros y te cubrió con su oscuridad original de cabeza a cola, solicita tu regreso. Tu voz aguda y sin palabras no volverá a anunciar nuestro regreso a casa ni nuestra piel volverá a ser testigo del amor incomprendido en cada mordisco brindado. El tiempo dejará de ser el mismo ahora que ya no están tus ojos inocentes (diáfanos espejos) en los que se nos iban las horas tratando de descifrar en qué pensabas, con qué soñabas, qué historias nos contrarías si tan solo el don de la palabra se te hubiese dado, pero en cambio el escuchar sin condiciones, sin juicios inútiles ni cuestionamientos, era en ti una virtud.
Nunca más tu presencia suave y oscura volverá a ser un acto de rebeldía al sol que tanto disfrutabas. Nunca más tu amor huracanado y malentendido (pobre de lengüetazos y miradas dulces, pero siempre tan puro y genuino) volverá a entrelazarse irremediablemente en nuestros días. Pasaremos a ser una religión obsoleta cuando tú, creyente fiel y devota de nuestra humanidad (y no lo merecemos), seas una estrella más en el firmamento y donde tu residencia definitiva ahora sea nuestra memoria, de donde, desde el primer día, ya sabías que no te ibas a ir jamás, aunque ahora formes parte del paraíso del que sólo tu especie es realmente digna.
¿Qué nos quedará de tí, cuál será tu herencia más allá de un plato vacío, un collar solitario y el recuerdo incorpóreo y persistente de tus pelos en el sofá? Nada material. Nada que el olvido termine carcomiendo sin piedad. Tan solo tu mirada, algunas fotografías y tu amor incondicional que inevitablemente se nos quedó aferrado al alma a posteridad y aunque ahora es tu ausencia la que recorre cada rincón de la casa, tu recuerdo nos habitará por completo hasta el día en que la vida nos reúna de nuevo en la eternidad.
Ve, pequeña gota de humo. Regresa al silencio de la noche infinita.
Para Bellota, in memoriam. Gracias por 15 años de amor, quizás rabioso e incomprendido, pero siempre puro e incondicional. Vivirás eternamente en nuestra memoria, y ahora también en este poema.
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