Da flores al que te bendice, al que ora por ti; da flores al que te ama y te hace reír. Dale flores al que te lastima, dale flores al que habla mal de ti, dale flores al que con sus actos clavó un puñal en tu pecho y agobia tu vida, dale flores al que sin conocerte te juzga con una mirada, dale flores al prejuicioso, al que te abandonó en plena carrera, dale flores al que te engaña, al que te ve como insignificante solo por tu piel morena, dale flores a aquel que por tener dinero cree que el mundo entero le pertenece, dale flores a aquel que llora de necesidad en la calle y que, al mirar los ojos de sus hijos, su cuerpo se estremece, dale flores a aquel que quita la vida y también al que la da, dale flores al que causa heridas, pues está lleno de tanta maldad, dale flores al que maltrata al anciano y al niño, dale flores a aquel que se viste de consuelo, dale flores al que da todo con amor y tanto esmero.
Dale flores al chico, al grande, al rico, al pobre, dale flores a aquella madre que en sus hombros lleva más que su propia vida, dale flores al padre que ausente causó más de mil heridas. Y si de esto se trata la vida, de darle flores a todos aquellos que habitan la tierra, pues las flores son un recordatorio constante de que, aún en medio de la cizaña, crece la belleza. Da flores, porque una ovación de pie para sobrellevar lo que pesa la maleta no es suficiente; dale flores a la gente y no olvides darte flores a ti, porque, pese a todas tus caídas, aún sigues aquí. Pues en este gran campo, en este hermoso jardín, no existe flor más bonita que la que se refleja en tu existir.
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