Por: Álvaro Enrique Parada Villamizar


Venezuela tiene más de 300 mil millones de barriles de petróleo en reservas probadas y PDVSA se encuentra hoy quebrada y sin capacidad de acceder al mercado mundial con una deuda del 175% de su PIB, que con la llegada en 1999 de Hugo Chávez, da un giro contrario a lo que venía desarrollando en cuanto a su expansión mundial, buscando una nueva alternativa para salirse del mercado estadounidense con nuevos compradores como Rusia y China, al adquirir mayoría accionaria en las empresas explotadoras de petróleo y gas en el país, que en 2007 se profundiza más con el cambio en el desarrollo del modelo «Socialismo del siglo XXI».
La crisis venezolana se desata el 13 de noviembre de 2001 cuando le aprobaron al presidente Hugo Chávez las 49 leyes habilitantes, entre las más polémicas la Orgánica de Hidrocarburos que incrementaba al 30% la tributación de las transnacionales en las actividades de extracción petrolífera, y fijaba en el 51% la participación mínima del Estado en sociedades mixtas.
Las leyes generaron un fuerte rechazo del sector empresarial y la clase media venezolana, considerándolas antidemocráticas y anticonstitucionales con el golpe de Estado el 11 de abril de 2002 por Pedro Carmona, quien intenta derogarlas mediante acta de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional, sin publicarlas en Gaceta Oficial y que no fueron efectivas, quedando vigentes la mayoría hasta la actualidad.
De manera casi unánime, luego del golpe de Estado a Chávez, diversos países mostraron su preocupación por que Venezuela normalizara su situación rápidamente: «Los gobiernos de Estados Unidos y de España, en el marco de su diálogo político reforzado, siguen los acontecimientos que se desarrollan en Venezuela con gran interés y preocupación, y en contacto continuo». Los que expresaron más claramente su opinión fueron la Unión Europea, Colombia y El Salvador, que dieron muestras de apoyo al nuevo gobierno; iniciando una marcada diferencia entre los dos países hermanos y sus gobernantes con un alto grado de tensión que persiste aún por la polarización de exmandatarios de derecha.
CRISIS EN PDVSA

El presidente Hugo Chávez ordena la militarización de PDVSA y el despido de los empleados de la empresa para tratar de quebrar el paro opositor que originó la caída de más de 50% de la producción de la industria petrolera, que es el corazón económico del país.
La situación económica se va deteriorando rápidamente en Venezuela, a inicios de febrero de 2002 y las reservas internacionales de petróleo han caído a 16 mil millones de dólares; una semana después Chávez recorta el gasto público en un 22%, y luego del anuncio el bolívar se devalúa en un 24.8%; Chávez destituye al presidente de PDVSA, Guaicaipuro Lameda Montero (militar quien se había vuelto crítico de la Ley de Hidrocarburos incluida en el paquete de 49 leyes); su sucesor, Gastón Parra Luzardo, un economista de visión dura cercano a Chávez, de poca experiencia y viene de la vicepresidencia del Banco Central Venezolano. La nómina ejecutiva de la estatal petrolera se muestra molesta ante esta decisión, ya que, en su opinión, el nuevo presidente no conoce la industria y se violenta la larga tradición meritocrática.
La petrolera estatal venezolana PDVSA experimenta un franco declive en su producción, que ha caído a sus niveles más bajos en tres décadas hasta 1.137.000 de barriles por día, según la OPEP en noviembre de 2018. El dato contrasta claramente con los 3.120.000 barriles diarios de crudo que producía la empresa en 1998, el año previo a la llegada de Hugo Chávez, en un país que obtiene del petróleo el 96% de las divisas con las que paga por la importación de muchos de los bienes que consume, incluyendo gran cantidad de alimentos. La situación luce aún más grave cuando se considera que una parte de esa producción debe destinarse al mercado interno, y otra se envía a China y Rusia para el pago de deudas, que es difícil saber con precisión debido a la opacidad en la información oficial, una situación que también dificulta conocer cuánto reciben Pekín y Moscú. Lo que sí se sabe es que el grueso de los ingresos que obtenía PDVSA por venta de petróleo procedía de sus exportaciones a Estados Unidos de 1.700.000 barriles al día en 1998 a unos 610.000 barriles en 2017, según datos de la Agencia de Información Energética de Estados Unidos. Esta caída de la producción de PDVSA se produjo pese a que durante los últimos 20 años la empresa ha anunciado numerosos planes para incrementarla, incluso hasta cinco millones de barriles al día. Para complicar aún más las cosas, la estatal venezolana fue sancionada por el gobierno de Estados Unidos que congeló sus activos, incluyendo Citgo, una filial de PDVSA en ese país, medidas adoptadas por decisión del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para presionar al presidente venezolano Nicolás Maduro y permia «restaurar la democracia en Venezuela», cíclicamente se repite la historia con el preocupante hecho si es electo Trump en 2024.
La PDVSA previa a la llegada del chavismo al poder también era objeto de fuertes críticas, actuaban como si fuera una empresa privada que le discutía al Estado la propiedad de la renta, los dólares de PDVSA son de la nación y es ella la que decide si reinvierte en petróleo o construye carreteras o cualquier otra cosa. No puede ser PDVSA la que decida comprar una refinería en Alemania o en EE.UU.». Otra fuente de fricción entre la empresa estatal y la sociedad civil se derivaba de lo que Pacheco llama «la cultura del enclave». Esto tiene que ver con el hecho de que la explotación petrolera se realizaba en campos cerrados -una herencia de las transnacionales- en los que vivían y trabajaban sus empleados con un nivel de vida superior al de las comunidades locales. «Aquí la corrupción es mucho mayor que en otros tiempos. Eso lo reconoce todo el mundo, hasta el propio gobierno. Hay varios presidentes, vicepresidentes y como 50 exgerentes de PDVSA que están presos, aunque aún no han sido condenados, por presuntos hechos de corrupción»

GUERRAS POR PETROLEO
Guerra del Golfo en 1991. «No vamos a dar sangre por petróleo», era un frecuente lema antiguerra en los meses anteriores al comienzo del conflicto en 1991. Pero el rol del petróleo en esa guerra fue innegable. La confrontación se desató originalmente cuando Irak invadió Kuwait, un país de grandes reservas petroleras. La intervención de Estados Unidos y sus aliados fue motivada en buena parte por la necesidad de asegurar el control del petróleo de Kuwait e impedir que Saddam Hussein se apoderara de él.
Invasión de Irak en 2003. En 2002, el entonces vice primer ministro iraquí, Tariq Aziz, decía que la amenaza de acciones militares contra Irak estaba realmente motivada por petróleo, una percepción común en el mundo árabe de ese momento. Irak tiene enormes reservas de petróleo y la mayoría de expertos concuerdan en que el petróleo fue ciertamente un factor en el conflicto, aunque no necesariamente el principal. La publicación británica The Economist, decía entonces que, aunque la principal motivación de Estados Unidos para emprender acciones militares en Irak radicaba en la supuesta existencia de armas de destrucción masiva, también había jugado un papel importante la posibilidad de abrir las enormes reservas petroleras de esa nación. También fueron importantes las sospechas en cuanto al uso de las reservas petroleras por el entonces mandatario, Saddam Hussein, para expandir su influencia estratégica. El entonces vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, advirtiendo de las ambiciones de Irak, aseguraba en agosto de 2002: «Podría entonces esperarse que Saddam Hussein buscara la dominación del Medio Oriente entero y tomara control de una importante proporción de las reservas energéticas mundiales».
Siria e Irak, de 2011. El petróleo juega una parte importante en el conflicto que involucra en Irak y Siria a Estado Islámico. La venta de petróleo es un importante mecanismo de recaudo de fondos para los militantes, quienes para mediados de 2014 ya obtenían US$2 millones diarios por esa fuente. Estado Islámico controla la mayoría de las regiones productoras de petróleo de Siria. También capturaron campos petroleros cerca de Mosul en Irak cuando el grupo expandió su territorio en 2014.
https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/12/151203_economia_conflicto_petroleo_gch
Israel y Palestina. Los precios del crudo no han tardado en escalar desde el inicio del conflicto entre Israel y Hamás, las variaciones al alza se deben más bien a que los inversores se han visto guiados por el miedo y temen que el conflicto militar repercuta en la geopolítica de otros Estados ubicados en Oriente Medio, por lo que están tasando el riesgo geopolítico por varios países productores de petróleo han prestado apoyo a Hamás, entre ellos Irán, que reconoce haber ofrecido armas y entrenamiento a la organización paramilitar palestina. Estados Unidos podría imponer nuevas sanciones económicas sobre el crudo iraní tras un período en el que la administración Biden ha relajado su aplicación para calmar los mercados petroleros y contribuir al incremento de la oferta global de petróleo tras la invasión de Ucrania. También existe la posibilidad de que el conflicto israelí-palestino se extienda al estrecho de Ormuz, una estrecha franja marítima al sur de Irán y al norte de Omán, por el que pasa diariamente el 37 % del transporte marítimo mundial de petróleo.
Lo preocupante es que este choque se produce tras el acuerdo de septiembre en el seno de la OPEP de recortar la producción de petróleo hasta finales de 2023, una decisión encabezada por Rusia y Arabia Saudí, la razón de estos recortes es que los países productores necesitan precios altos para cubrir las pérdidas ocasionadas por el covid-19 y equilibrar sus cuentas fiscales y exteriores, y no han dudado en exhibir su poderío internacional actuando como un cártel.

Sobre el Autor:


Columnas recientes
Busca Columnas Por Autor






Deja un comentario