Por: Orlando Guillén


El rock tiene esa capacidad única de capturar momentos, contar historias y provocar emociones que trascienden el tiempo. Uno de esos momentos atemporales es «Long Cool Woman (In a Black Dress)» de The Hollies, un tema que ha dejado una marca imborrable en la historia del rock, no solo por su sonido, sino por la fascinante historia que la rodea.
Lanzada en 1972, en un tiempo donde la música rock estaba en plena efervescencia, esta canción logró sobresalir por su distintivo riff de guitarra y la poderosa voz ronca de Allan Clarke. Es curioso pensar que este éxito internacional fue casi un accidente. El productor habitual de la banda, Ron Richards, no pudo asistir al estudio debido a una enfermedad, lo que dejó a los miembros de The Hollies con el control total de la producción ese día. El resultado fue un tema que, a pesar de alejarse del estilo pop-rock que caracterizaba a la banda, capturó algo mágico. «Long Cool Woman» es menos sobre armonías vocales, un sello distintivo de The Hollies, y más sobre el ritmo, el ambiente y la energía cruda, evocando a las grandes bandas de swamp rock de la época.

La canción fue un claro homenaje al estilo de Creedence Clearwater Revival, una de las influencias más notorias en su creación. Clarke, que fue el principal arquitecto de la canción, confesó que escribió la letra en solo cinco minutos, inspirándose en el sonido característico de CCR, especialmente en su tema «Green River». Es casi imposible no notar la similitud en la textura vocal de Clarke con la de John Fogerty, una elección deliberada que incluso llevó a una demanda por parte de Fogerty, quien sintió que el parecido era «demasiado cercano». Esta disputa se resolvió fuera de los tribunales, y aunque la cifra nunca fue revelada, el incidente es un claro reflejo de lo profundamente que «Long Cool Woman» estaba enraizada en el estilo del swamp rock estadounidense.
La narrativa de la canción es otro de sus aspectos más cautivadores. La historia que narra nos transporta a la época de la Prohibición en Estados Unidos, con su ambiente oscuro, sus tugurios clandestinos y la omnipresente tensión de la ley pisándole los talones a aquellos que se atrevían a desafiarla. En este entorno, la «mujer alta y fresca en un vestido negro» se convierte en un símbolo de peligro y seducción, y es en medio de una redada que la canción alcanza su clímax, con el protagonista jugándose la vida para proteger a esta enigmática figura. Es un relato que, si bien puede parecer simple, está cargado de emoción, peligro y una cierta mística que la música rock sabe encapsular a la perfección.

Aunque la canción alcanzó el puesto número 2 en el Billboard Hot 100 en Estados Unidos, sorprendentemente no tuvo el mismo impacto en su tierra natal, el Reino Unido, donde apenas llegó al puesto 32. Esto no hizo más que subrayar la ironía de que una banda británica lograra su mayor éxito con una canción que es, en esencia, una oda al rock estadounidense. En otros lugares, como Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, la canción también alcanzó altos puestos en las listas, consolidando su estatus como un éxito global.
«Long Cool Woman (In a Black Dress)» es más que una simple canción; es un ejemplo de cómo el rock puede ser una experiencia visceral, un viaje a través de sonidos y emociones que, una vez escuchados, no se olvidan. Y es también un recordatorio de que, a veces, los mayores éxitos surgen de lo inesperado, de una tarde en el estudio sin un productor que dirija, de una idea que se plasma en solo cinco minutos, pero que resuena durante décadas. Esta es una de esas joyas que, a pesar del tiempo, sigue encendiendo la chispa de la pasión por el rock en cada generación que la descubre.
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