LA SOLEDAD

Por: Ximena Rincón

Siempre me he preguntado por qué nos cuesta estar solos, qué es lo que no nos permite ser felices estando solos y por qué siempre vivimos buscando personas que nos acompañen en todos los momentos de nuestra vida. Si tan solo por unos instantes pensáramos que la soledad no es tan mala como muchos nos hacen ver, entenderíamos que en ocasiones es mejor estar solos y no rodeados de muchas personas que nos enferman y no nos aportan nada positivo a nuestra vida. Si tan solo por unos instantes nos hiciéramos amigos de nosotros mismos, le perderíamos el miedo a perder falsos amigos. Si tan solo nos brindáramos amor a nosotros mismos, no tendríamos que aceptar ciertas migajas de amor de los demás. De hecho, el error no radica en aquellas personas que nos brindan esas migajas, sino en nosotros que permitimos recibirlas por el simple hecho de no quedarnos solos.

El estar solos nos permite conocer muchas facetas de nuestra vida que quizá nunca llegaremos a descubrir estando acompañados, porque la soledad es necesaria para todos. Nos vuelve personas selectivas a la hora de escoger nuestro entorno, ya sea de amigos, familiares o amores. Creo que lo peor de la soledad es no sentirnos completos con nuestra propia presencia, es sentir que no podemos ser felices estando con nosotros mismos. Esto nos lleva a buscar personas que nos llenen y que nos acompañen, sin importar el daño que a diario esas personas nos hagan. Es ahí donde nos volvemos adictos a relaciones y amistades que afectan nuestra vida y caemos en un círculo vicioso de aceptar personas sin importar cuánto aporten a nuestra vida.

La soledad, en su esencia, es un espejo que refleja nuestras verdades más profundas. Nos muestra quiénes somos sin las máscaras que usamos frente a los demás. Es en la soledad donde aprendemos a amarnos verdaderamente, a valorar nuestra compañía y a reconocer nuestra propia valía. Al aceptar la soledad como parte de nuestro crecimiento, nos liberamos de la necesidad de buscar validación externa. Nos convertimos en seres completos, capaces de disfrutar de nuestra propia compañía y de elegir con sabiduría las personas que realmente enriquecen nuestra vida.

«Solo en la soledad encontramos la llave a nuestro yo más auténtico.»

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