Por: Hazzam Gallego


La presencia de mercenarios rusos en Venezuela representa uno de los episodios más oscuros y complejos de la política contemporánea. Esta organización paramilitar, fundada por Yevgeny Prigozhin, conocido como «el chef de Putin», ha ganado notoriedad a través de sus operaciones encubiertas y brutales en diversos conflictos globales. Tras la muerte de Prigozhin en un accidente aéreo, su hijo ha tomado las riendas de la organización, expandiendo su influencia y manteniendo la continuidad de sus operaciones.
El Grupo Wagner, conocido oficialmente como «Compañía Militar Privada Wagner», es una de las principales organizaciones paramilitares que ha operado en conflictos internacionales. Fundada en 2014, la compañía se especializa en operaciones militares encubiertas y ha sido vinculada a diversas intervenciones en conflictos como el de Ucrania, Siria y en varias naciones africanas. A menudo descrita como un ejército privado al servicio de los intereses del Kremlin, Wagner realiza tareas que van desde operaciones de combate directo hasta la protección de recursos estratégicos y la capacitación de fuerzas locales. La organización ha sido acusada de múltiples violaciones de derechos humanos y de jugar un papel crucial en la expansión de la influencia rusa en regiones conflictivas.
Los mercenarios rusos han desempeñado un papel crucial en la invasión rusa a Ucrania, proporcionando tropas de choque y ejecutando operaciones especiales que han sido fundamentales para el avance militar ruso. Su impacto en África Central ha sido igualmente significativo, consolidando su control en varias regiones donde no solo actúan como fuerzas de seguridad, sino que también participan en la explotación de recursos naturales, estableciendo un régimen de terror y control sobre las poblaciones locales. Esta influencia ha llevado a Estados Unidos a declarar a esta organización como una empresa de crimen multinacional, acusándola de violaciones a los derechos humanos, saqueo de recursos y desestabilización de gobiernos.
En Venezuela, los mercenarios rusos juegan un papel crucial en la protección de las reservas de oro y en la seguridad personal del presidente Nicolás Maduro. Este grupo de élite no solo asegura la protección del régimen contra amenazas internas y externas, sino que también se involucra en la explotación de recursos naturales, particularmente en el estado Bolívar, donde se encuentran algunas de las mayores minas de oro del país. La extracción y el control de estos recursos proporcionan ingresos sustanciales al gobierno venezolano, reforzando su posición en medio de una prolongada crisis económica.

El modus operandi de estos mercenarios en Venezuela ha sido descrito como extremadamente violento. Se han documentado numerosos casos de abusos y violaciones de derechos humanos tanto en operaciones de seguridad como en el control de las minas. Su presencia ha sido notoria y extendida, influyendo no solo en la política interna del país, sino también en la estabilidad regional, con informes de su actividad incluso en países vecinos.
Desde la primera aparición de estos mercenarios en Venezuela en marzo de 2019, su rol ha sido fundamental para asegurar el régimen de Nicolás Maduro y proteger los intereses rusos en el país. La llegada de aviones rusos a Caracas en esa fecha generó especulaciones sobre la instalación de un escudo antiaéreo para prevenir cualquier injerencia externa, coincidiendo con grandes protestas y un levantamiento militar contra el régimen de Maduro. Esta situación subrayó la importancia estratégica de estos mercenarios para el gobierno venezolano.
Varias investigaciones de medios independientes aseguran que en Venezuela actúan unos 400 miembros del Grupo Wagner que están encargados, entre otras actividades, de diseñar el círculo de seguridad de Nicolás Maduro junto a agentes cubanos.
Ese mismo año, la periodista venezolana Mariana Reyes informó sobre la llegada de cerca de 40 militares rusos a Canaima, en el estado de Bolívar, vestidos con uniformes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. La consolidación de su presencia se evidenció con la llegada de equipos militares y la formación de unidades de élite, como documentaron medios independientes y declaraciones de investigadores.
La implicación de estos mercenarios en Venezuela no se limita a la seguridad personal del presidente Maduro. Su presencia se extiende al control de las vastas reservas minerales en la Cuenca del Orinoco, una región rica en recursos naturales como petróleo, gas, hierro y oro. La militarización de esta región minera ha sido significativa, con informes que indican una participación activa en la explotación de recursos naturales, particularmente en el Arco Minero del Orinoco. El control de estas áreas no solo ha proporcionado ingresos sustanciales al gobierno venezolano, sino que también ha fortalecido la posición de Rusia en la región.

La presencia de mercenarios rusos en Venezuela ha generado controversia internacional. Diversos medios han informado sobre la implicación de estos mercenarios en violaciones de derechos humanos y represión de protestas contra el régimen de Maduro. La influencia de estos paramilitares ha afectado no solo la política interna de Venezuela, sino también la estabilidad de la región en su conjunto.

A medida que la crisis en Venezuela se intensifica y el régimen de Maduro enfrenta crecientes presiones internas y externas, la presencia de estos mercenarios subraya el continuo apoyo de Rusia al gobierno venezolano y su interés en asegurar el control de los recursos estratégicos del país. La participación de estas fuerzas ha marcado un nuevo nivel de injerencia rusa en América Latina, reflejando el compromiso de Moscú con sus objetivos geopolíticos y económicos en la región.
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