

En Cúcuta, es un secreto a voces que, junto al alcalde electo Jorge Acevedo, existe una figura de poder paralela: Yirley Vargas, la esposa del alcalde. Después de varias candidaturas fallidas y muchas «quemadas,» Acevedo finalmente llegó a la alcaldía en su tercera campaña. Sin embargo, su ascenso al poder no estuvo exento de compromisos y acuerdos con los demonios del poder departamental. Los acuerdos con figuras políticas tradicionales como Ciro Rodríguez, Edgar Díaz, Silvano Serrano, César Rojas, Jairo Castellanos, Mila Romero, los Cristos, y los Corzo han dejado un sabor amargo entre los ciudadanos, quienes esperaban un verdadero cambio y no más de lo mismo: favoritismos y «roscas» perpetuadas.
Yirley Vargas, con su experiencia como Ingeniera de Producción Agrícola y especialista en Gerencia, y su historial como directora del SISBEN y Secretaria de Desarrollo Social, ha emergido como una figura de poder ineludible. Su papel no se limita a la etiqueta de primera dama, sino que se extiende al control efectivo de varias secretarías, incluyendo Cultura en cabeza de Nadim Bayona Pérez, Bienestar Social, el IMRD y la Secretaría de la Mujer, a cargo de Patricia Ríos. Se dice que su influencia es tal que nada se mueve sin su aprobación, incluyendo contratos de mínima cuantía y OPS. Su control sobre la contratación del municipio, eventos sociales, inversión y gastos, y otras áreas estratégicas demuestra un manejo detallado y exhaustivo de la administración municipal.

Este control no ha estado exento de controversias. La dualidad de poder entre Jorge Acevedo y Yirley Vargas ha generado tensiones y descontento en el interior de la administración. No es raro escuchar quejas de algunos secretarios que no han soportado la presión de tener dos figuras de autoridad con mandatos a veces contradictorios. «Una cosa dice Jorge y otra cosa Yirley,» o «que ayudemos a este contratista, pero Yirley después cambia todo.» Casos como el de Camilo Rodríguez, exdirector del IMRD, quien salió después de contratar OPS mientras Jorge estaba incapacitado, así como la actuación de gran parte de los secretarios que aprovecharon la ausencia del alcalde para realizar contrataciones, desesperaron a Yirley. Tras el regreso de Jorge, ella se reunió en privado con cada secretario, aludiendo regaños y reclamaciones por su falta de control. Todo esto refleja la incomodidad y la confusión que reina en el equipo de gobierno. La duplicidad de órdenes y la falta de claridad en la cadena de mando han llevado a una situación donde los secretarios no saben a quién obedecer: ¿al alcalde oficial o a la «alcaldesa» de facto?

Las decisiones contradictorias entre Jorge Acevedo y Yirley Vargas han exacerbado las divisiones internas. Mientras Jorge, limitado por sus compromisos políticos, intenta mantener un equilibrio entre las diferentes facciones, Yirley toma decisiones más firmes y directas. Esto ha provocado roces y malestar entre los secretarios, quienes se encuentran atrapados entre dos fuegos. La renuncia y salida de algunos, como el famoso «TATOA» que abrazaba a Jorge y le decía «un gran amigo» (que para nadie era un secreto que no era del agrado de Yirley) antes de ser declarado insubsistente para llegar a un acuerdo político con el exalcalde de Los Patios, han evidenciado que sus funcionarios no son solo un síntoma de descontento, sino una señal de la inestabilidad y la falta de cohesión en el gobierno municipal.
La situación plantea una serie de preguntas sobre la legitimidad del poder en Cúcuta. Aunque la firmeza de Yirley ha permitido una gestión más ágil en ciertas áreas, su influencia desmedida y el descontento generado no pueden ser ignorados. Los acuerdos con las castas políticas de la región han llevado a que se desconozca el poder del alcalde, y ahí es donde debe entrar una figura firme como Yirley, para que los políticos a los cuales se deben favores no sobrepasen la autoridad del alcalde. Yirley ha asumido un papel que va más allá de lo esperado para una primera dama. No obstante, la pregunta que queda en el aire es: ¿hasta qué punto esta situación favorece o perjudica a la ciudad? Es un tema que merece una profunda observación y crítica. Aunque tener dos alcaldes no es una mala idea, el duelo de poderes junto a los acuerdos burocráticos alcanzados para asumir la alcaldía requiere que no claudiquen ante los poderes tradicionales. Yirley es una figura de poder y es necesario que sea ella quien supervise y controle a los secretarios para que no se les salga de las manos, ya que ella debe cuidar y salvaguardar la imagen en descenso del alcalde de Cúcuta.

Fernando Quintero Ciudadano del común, lector de nuestro periódico, anti-corruptos, ciudadano cucuteño de a píe y comunicador de rumores.
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