Por: Jean Carlos Sánchez


Dedicamos este artículo a los miles de emprendedores cucuteños que día a día salen con fe a realizar su labor en ventas o, comúnmente, llamado el rebusque. Estos hacen parte de lo que se conoce como comerciantes informales, que según el DANE ascienden al 60% en la capital nortesantandereana. Pero vaya que es difícil en esta parte de Colombia formalizarse. Por un lado, están los trámites legales, y por otro, la inviabilidad financiera de un emprendimiento que carece de requisitos para poder recibir créditos blandos de parte de las entidades financieras, necesarios para fortalecer su capacidad de compra y poder ofrecer precios competitivos. Y la cereza del pastel: los arrendadores que al parecer, en su mente, viven en las Bahamas o en la Florida y, como se sabe, algunos se quedaron en la efímera bonanza del Cadivi de 2008, siglas de la Comisión Nacional de Administración de Divisas cuyo mecanismo era a través de una tarjeta de crédito con dólares a bajo costo otorgada por el gobierno venezolano solo para fines de compra y turismo. Estas divisas venían a Cúcuta a canjearse por efectivo, sin que esto redundara en circulante o compras reales, lo que hizo que esa danza de dólares encareciera la ciudad, por encima de Medellín y Bucaramanga.
Citamos ese hecho porque fue el inicio de lo que denominaremos la burbuja inmobiliaria que nos dejó de herencia los elevados costos de los cánones de arrendamiento de locales comerciales, donde hoy en día es más económico conseguir un local en el Centro Comercial Cuarta Etapa, una zona exclusiva de Bucaramanga, comparado con los cánones de arrendamiento de algunos locales en los que fijaremos hoy la mirada. Porque cuando al arrendador solo le sirve que el arrendatario pague sin ser consciente de los malabares que le toca hacer para llegar a fin de mes, esa irresponsabilidad o falta de coherencia con la realidad económica de la ciudad ha degenerado en la migración masiva de arrendatarios de un lugar a otro o de un centro comercial a otro.
Tengamos claro que la mayoría de arrendadores o arrendadoras usan el marco legal para blindar sus contratos de arrendamiento en materia comercial, supeditados por el derecho privado, donde de un año al otro el arriendo puede subir un 10% o hasta un 30% según el arbitrio del arrendador, con cláusulas abusivas u otras excesivas que, para poder desvirtuar, se han de pagar honorarios a un profesional del derecho en una demanda ante un juez civil. Lo anterior es innecesario pues un emprendedor o empresario solo quiere producir y generar riqueza, por lo que opta por pagar y salirse del lugar donde, con ley en mano, abusaron de su nobleza.
Hablemos del fenómeno de los centros comerciales de calzado de Cúcuta, donde en 2023 optaron por incrementar los cánones de arrendamiento de sus locales en meses de ventas bajas. Dicha oportunidad fue aprovechada por el Centro Comercial el Gran San del Norte a finales de ese año, recibiendo una migración masiva por sus bajos costos en los cánones. Luego, en el primer semestre de 2024, dicho centro comercial no sinceró los precios de los cánones a la realidad del momento, sino que los encareció y hoy en día ese centro comercial asusta. Pásese por los locales que quedaban en el pasillo que da con la calle 11. Dicha oportunidad fue aprovechada por el Centro Comercial El Imperio de la Moda, con locales más pequeños y con 5 pisos, también logró obtener una migración masiva de vendedores de calzado hecho en Cúcuta. Aunque en toda regla hay una excepción para bien, en este caso existió una excepción para peor. Fue la arrendadora La Fontana que ofreció en arriendo locales en el Edificio Marleny, una especie de corredor con locales, donde no hay seguridad, no hay recepción, no hay baterías sanitarias óptimas para los locatarios, donde la aseadora hace las veces de gerente, que no tiene empatía para tratar a los arrendatarios. Son de ese tipo de personajes que creen que con ser así les dejarán de herencia la propiedad al morir el dueño, pero hoy la mayoría de estos osados emprendedores están arrepentidos de haber tomado en arriendo estos locales y no saben cómo salir de ahí. Téngase claro que en un contrato de arrendamiento de local comercial el preaviso para entregar un local debe ser 6 meses antes de vencerse el mismo so pena de renovarse por un periodo igual.

Otro caso emblemático es el de una decena de locales construidos en la calle 10 con avenida Séptima, centro de Cúcuta, donde el arriendo del local más pequeño es de 4.700.000 pesos y el del más grande supera los 6.000.000 pesos. Al parecer, el propietario no vive en Cúcuta y mucho menos ve noticias, cuando es una realidad nacional el hecho de que hacer empresa en Cúcuta es inviable. Según el noticiero del canal Caracol en la emisión del domingo 7 de julio, informaban que en lo que va del primer trimestre de este año, en Cúcuta han cerrado 2.169 empresas, y no es solo por las bajas ventas o porque ya el venezolano, por la dolarización informal de la economía y por las redes que facilitan el comercio de bienes, no tiene que bajar a Cúcuta, debilitando el punto de equilibrio que necesitan estas microempresas para subsistir. Sumado a esto, los cánones astronómicos inalcanzables, ya que con esos precios se consiguen locales en centros comerciales como Jardín Plaza y Ventura Plaza. Otro caso es el del Centro Comercial Alejandría, donde algunos cánones ya superan la cifra de 6.000.000 de pesos, obligando a emprendedores a migrar a centros comerciales como el Ventura Plaza y Éxito San Mateo, donde se encuentran con esta paradoja: arriendos más bajos con más ventas. Así que en esta bella tierra, donde los primeros que la habitaron la llamaron la Cueva de los Duendes, podemos concluir que ser grande acá es costoso, es mejor ser pequeño y facturar de lo lindo minimizando gastos, ya que siempre existirán locales más económicos y mejor posicionados que seguir patrocinando la ocurrencia de algunos que, con estos cánones tan elevados, encarecieron la ciudad.
Para muchos analistas de a pie, por la dolarización informal de Venezuela se avecina una nueva bonanza. Ojalá esta nos encuentre preparados y no solo nos deje de herencia más burdeles, casas de lenocinio y una ciudad más cara, donde hoy en 2024 es más barato conseguir una propiedad en Miami que en Cúcuta, donde apartamentos ya superan los miles de millones y los emprendedores que se quieran formalizar no encuentren un muro como son los cánones elevados establecidos por propietarios sin alma.

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