AMAR O QUERER: Diferencias que Trascienden

Por: Jonathan Niño

Querido lector,

En la vida, es común escuchar sobre la distinción entre amar y querer, conceptos que, aunque a menudo se utilizan indistintamente, poseen significados profundamente diferentes y esenciales en nuestras relaciones.

Amar es un sentimiento profundo y duradero que trasciende el tiempo y las circunstancias. Es un vínculo incondicional que nos conecta con aquellos que consideramos más cercanos y queridos, como los padres, hijos, pareja y hermanos. Amar implica entrega, sacrificio y un compromiso genuino de procurar el bienestar del otro sin esperar nada a cambio. Es una fuerza que nos impulsa a ser mejores y a actuar con bondad y generosidad. El amor verdadero es inquebrantable y se manifiesta a través de acciones desinteresadas, siendo un reflejo de nuestra mejor versión.

Por otro lado, querer se relaciona más con el deseo y la atracción temporal. Es un sentimiento que puede ser intenso pero efímero, basado en la necesidad y la posesión. Querer a menudo se centra en la satisfacción personal y la búsqueda de gratificación inmediata. Es como una llama que arde con fuerza pero que se apaga rápidamente, dejándonos a veces con un vacío y la necesidad de buscar algo nuevo para llenar ese espacio. Querer puede ser pasajero y, en ocasiones, superficial, sin el profundo compromiso que caracteriza al amor.

El amor se construye día a día con actos de respeto, paciencia y dedicación. Es una decisión consciente de cuidar, apoyar y acompañar al otro en sus alegrías y dificultades. Amar nos transforma y nos eleva, nos da un propósito y una conexión auténtica que nos hace sentir plenos.

En contraste, querer puede llevarnos a comportamientos posesivos y egocéntricos. Es fácil querer algo o a alguien por la belleza, el encanto o la emoción del momento, pero mantener ese deseo requiere un esfuerzo constante que muchas veces no estamos dispuestos a hacer. Queremos lo que nos atrae y nos hace sentir bien, pero cuando esa atracción disminuye, el querer también se desvanece.

Es importante reflexionar sobre cómo amamos y cómo queremos en nuestras relaciones. El amor nos invita a ser valientes, a dar sin esperar, y a construir un vínculo sólido y duradero. El querer, en cambio, puede ser una señal de nuestras propias necesidades insatisfechas y nuestra búsqueda de placer momentáneo. Reconocer esta diferencia nos permite crecer y fomentar relaciones más significativas y auténticas.

Al final, amar es un acto de valentía y sabiduría, una elección que nos llena de satisfacción y propósito. Queremos muchas cosas y personas a lo largo de nuestras vidas, pero es el amor el que realmente nos sostiene y nos da la verdadera felicidad. Amar es un arte que todos debemos aprender a cultivar, porque en el amor encontramos la verdadera esencia de nuestra humanidad.

En mi vida personal, suelo hablar mucho de mi familia y la importancia que tiene para mí. Mis hijas son el motor principal para mostrarles qué es el amor y cómo se cultiva. La forma de amar a su madre y de trabajar en equipo son la mejor enseñanza para ellas. Sin embargo, nunca es suficiente, dado que el amor también pasa por dificultades, crisis y un sinfín de emociones y momentos que solo el tiempo y Dios suelen dar.

Mi esposa es un ser increíble. Ella merece mi atención y cuidado, merece más de lo que puedo brindar en ocasiones porque ha estado en momentos que fueron clave en mi vida. Me ha dado un hogar que seguramente el dinero no compraría y me ha dado los mejores años de su juventud. Su vitalidad y su amor han estado siempre para mí, y eso no se construye en unos meses o en la fuerza humana.

Con gratitud,

Jonathan Niño

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