Detente, espera, toma una pausa. Dale un stop a tus pensamientos. Respira. Respira despacio, toma conciencia del ahora; respira lento y profundo. Mantén la respiración unos segundos, y ahora, exhala. Suelta todo lo que te pese, lo que te abrume; el pasado ya se fue y el futuro es inexistente. Te tienes en el presente. Libérate de tus propias demandas, no te reproches tanto, no seas cruel contigo. Date un abrazo, date cariño.
Respira tranquilidad, paz y serenidad. Respira gratitud, armonía y amor; y quédate con eso. Solo concéntrate en respirar, es lo que más importa ahora: tu cuidado, salud y bienestar. Exhala la tristeza, las exigencias. Exhala la molestia y el estruendo que en ocasiones te ha generado la vida. Deja ir para dar espacio a lo bueno que ha de llegar. No te aferres tanto; mira cómo te ha hecho daño (tus pensamientos, tus expectativas, algunas personas, amigos, familia, e incluso, tu persona favorita). Suelta, no te lastimes más.
Lo has hecho muy bien; has podido, puedes y podrás. Aprenderás de esto y lo harás mejor. Tú puedes, confía. Después de la pausa, continúa. Paso a paso, ve a por ello.
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