

Lo que fácil llega, fácil se va. Ante las próximas elecciones presidenciales en Venezuela, nos sumergimos, como dicen los jesuitas, en la composición de lugar. Supongamos que las protestas callejeras y la presión internacional son testigos directos del escenario de muertos y represión cuyo golpe inicia el 28 de julio a las 24:00 horas, ante el anuncio del Consejo Nacional Electoral de la victoria de Nicolás Maduro, en una crónica anunciada de fraude electoral. Supongamos que cae el régimen dictatorial encabezado por Nicolás Maduro.
Un triste final para un tirano e inepto. Nunca que yo recuerde ha caído un régimen tiránico por el simple hecho de una elección a claras luces amañada, sin observadores internacionales, sin el cubrimiento de los medios de comunicación censurados por el régimen, o en la persecución política que ha inmolado a la líder venezolana María Corina Machado y a centenares de líderes sociales de oposición que se les persigue, se les apresa y se les exilia. Salvo cuando el despotismo cae en la tentación del juego de una revolución sangrienta o una guerra internacional.
El triste final del único medio para mantener el poder solo podrá sostenerse si se vuelve de verdad tiránico al estilo cubano y deja de jugar a la fingida democracia parlamentaria por sello de la moneda y por el lado de la moneda, en la cara, de la falsa revolución popular. Ya no tiene las bases sociales necesarias, y ya falleció Hugo Chávez. El dinero del petróleo, en las condiciones actuales de ineptitud, juega en su contra.
Hasta las 12 de la noche del 28 de julio, el régimen socialista de Nicolás Maduro solo cuenta con el respaldo del Ejército, que en el pasado respaldó el golpe contra el parlamento liderado por el dictador Maduro. Pero esto no es garantía de tranquilidad. Solo basta recordar al dictador y militar Pérez Jiménez, quien fue obligado a renunciar en el mítico 23 de enero de 1958, derrocando a un peso pesado en el respaldo de la llamada unidad cívico-militar.

Supongamos que cae el dictador. ¿A dónde irá? Si tiene dinero, no tendrá problemas. En el caso de Marcos Pérez Jiménez, aunque tuvo sus problemas con la justicia, logró llevar un exilio faustuoso y de lujos en la España franquista. Si realizamos una lista de los dictadores venezolanos con el triste final de exiliados, comenzaríamos con Páez en Nueva York o Cipriano Castro en París.
Maduro ha tenido el tiempo para pensar su plan B. Cuba tiene un problema, pues su dinero no estaría seguro. La generosidad del petróleo del régimen chavista con Jamaica, las Bahamas o República Dominicana, siendo esta última una de las favoritas para albergar fastuosamente al dictador. En China viviría como un verdadero príncipe, o en Rusia, que, por motivo del conflicto con Ucrania y su aislamiento por las sanciones y presiones internacionales, tiene una relación de especial interés en que se mantenga el régimen en Venezuela.
Al margen del exilio dorado de los dictadores y de la suerte personal de Nicolás Maduro, la denominada corriente del socialismo del siglo XXI ha sido un fraude, al igual que la revolución cubana. De paso, ha logrado cubrir de ridículo el nombre de la izquierda y la persona de Simón Bolívar.
Luego de que apareciera en el escenario político Hugo Rafael Chávez Frías con el favor popular de la elección presidencial, han pasado 25 años de la falsa salvación. La descomposición política es evidente. Ha caído la república garantista de la libertad y de los derechos de los ciudadanos, y ha sido secuestrada la separación de poderes junto al hilo constitucional de la democracia, acompañada de la ineptitud y del empobrecimiento del que fue de lejos el país más rico del vecindario a través de la industria del petróleo, y que ha dejado a Venezuela en el peor de los mundos, cayendo en el peor de los escenarios, el plan salvífico de los Estados Unidos en un preámbulo de posible ganador de la elección presidencial a manos del republicano Donald Trump.
Hoy se hacen vigentes las palabras proféticas de Simón Bolívar: “parecen destinados por la Providencia para plagar de males a la América en nombre de la libertad”. Así lo han hecho a lo largo de 200 años, con el posible turno de Donald Trump, antecedido por la doctrina Monroe, el gran garrote del primer Roosevelt y el de la buena vecindad del segundo Roosevelt.
Un destino de futuras sanciones económicas o de la intervención directa o encubierta de la CIA. Hay un montón de historias de la CIA en la Escuela de las Américas, en Panamá, Chile, Nicaragua, por mencionar solo unas cuantas de la larga lista.
Y como buen militar que se respete, el general Vladimir Padrino López y ministro de defensa con 10 años en el cargo, tiene su historia secreta con los Estados Unidos. En 1995, cuando era un oficial de rango medio, pidió ser enviado a la famosa Escuela de las Américas en Fort Benning, en Georgia, para estudiar guerra psicológica. Luego que terminó el curso, se quedó dos años disfrutando de la buena vida en el capitalismo salvaje del imperio de los Estados Unidos. Durante la intentona de golpe de estado al régimen dictatorial en 2019, se rumorea que confabuló para sacar a Maduro con aprobación de Washington en el ejercicio presidencial de Donald John Trump. Pero sus viejos contactos en el Pentágono no le evitaron ser acusado de narcotraficante en 2020 en una corte de Nueva York.
Padrino gana oficialmente 8 dólares mensuales, pero usa relojes de 12.000 dólares, incluyendo 19 empresas y 14 casas a su nombre que conserva en el malvado imperio de los Estados Unidos. De tal manera, la lealtad a Maduro tiene su precio. Existe la tentación de salvarse a través del indulto, entregando a Nicolás Maduro y cobrando la recompensa de 15 millones de dólares ofertados por la DEA por información que conduzca al arresto del dictador por cargos de narcoterrorismo.

La pelea por el poder en Venezuela ya no está en la calle al lado de la gente, sino en los cuarteles. Maduro cree que con los militares detrás ya no necesita ser popular y que puede imponerse por la fuerza de las armas. En segundo lugar, cayó en cuenta de que se le acabó el tiempo y que ya no hay más nada por hacer, que su debacle y derrocamiento están a la vuelta de la esquina. Maduro piensa que será el poder militar lo que lo salve de la catástrofe.
El último brote psicótico del dictador con delirios de genocida, en su violento discurso de campaña al anunciar la idea de llevar a Venezuela a un baño de sangre o lluvia, como él mismo lo sugirió como amenaza de matanza indiscriminada. Se le acabaron las propuestas a Nicolás Maduro.
La dictadura castrista cubana ha apoyado y ha participado en las redes de narcotráfico en la relación personal de Raúl Castro con la coca, lavado de dinero y nexos con el Cartel de Medellín. El testimonio del mítico capo colombo-alemán Carlos Lehder Rivas en su más reciente libro “Vida y muerte del cartel de Medellín” nos hace ver la alianza criminal de la mafia con el apoyo del gobierno cubano. De la misma manera, opera el régimen de Venezuela, quien también está imputado en la práctica del narcotráfico en el denominado Cartel de los Soles. Qué flaco favor se les hace a los tiranos cuando se les quiere dejar el camino libre de sanciones a narcoestados que juegan un papel en el lavado de activos.
Miembros cubanos encubiertos han torturado a venezolanos y ahora pretenden salvar a Maduro de una debacle electoral segura. Por eso es importante saber dónde operan los cubanos encubiertos, los hoteles que frecuentan, las guarniciones donde se esconden en Venezuela, porque los cubanos jugarán a intentar salvar a Maduro de su apocalipsis.
Pero su preocupación es que el rechazo que hay en las calles se encuentre también en los cuarteles. El dictador teme que las fuerzas militares, no solo el alto mando militar, sino los cuadros medios y soldados de a pie, le den la espalda cuando quiera imponer su dictadura a la fuerza con fraude.
Una orden firmada por el jefe del comando estratégico operacional, con fecha del 9 de julio de 2024, muestra el nivel de desconfianza que tiene la dictadura en las fuerzas militares regulares. La orden exige que los comandantes de fuerza designen a dos efectivos de la reserva en cada uno de los 14.500 centros de votación que funcionarán para tareas de protección y vigilancia. Según la orden, los reservistas deberán informar sobre focos de desestabilización que afecten la votación. ¿Por qué darles esa tarea a los reservistas que en su totalidad de 29.000 reservistas son miembros activos del partido de gobierno? Maduro no confía ni teme en las fuerzas militares, estableciendo una operación encubierta de fraude.

Ante la realidad de una inminente confrontación fuera de todo control que afecte la estabilidad del régimen, surge la ley antifascista, una ley que suprime los derechos constitucionales, reprime los medios de comunicación, la libertad de prensa y la manifestación social de la protesta. La ley antifascista define el neofascismo y expresiones similares con el neoliberalismo de la socialdemocracia, prohibiendo mensajes fascistas en prestadores de servicio de radio, televisión, medios electrónicos y medios impresos, públicos, privados y comunitarios, así como las redes sociales. De igual manera, prohíbe reuniones o manifestaciones que contraríen la voluntad popular del régimen dictatorial a través de una alta comisión contra el fascismo, neofascismo y expresiones similares que en su composición es establecida y regulada por el presidente de la República, Nicolás Maduro, mediante decreto, quedando derogados todas las disposiciones contrarias a esta ley ante un recurso judicial, una clara violación a la separación de los poderes. En el artículo 23 de esta ley, toda persona que haga apología o promueva los principios, hechos y métodos propios del fascismo, neofascismo y expresiones similares será sancionada con prisión de seis a diez años e inhabilitación política por el tiempo de la condena.
Hoy en día, y a lo largo de la configuración histórica del concierto de las naciones, ha sido usada la palabra fascista de manera oportunista en los dos polos políticos de izquierda y derecha de manera mentirosa. El socialismo autoritario y despótico son iguales en sus métodos, pero no en sus fines o al menos en sus propósitos declarados. Un ejemplo es la dictadura de Castro en Cuba o en Chile con el dictador Pinochet, que compartieron métodos, pero no fines declarados en su oratoria. El cambio del socialismo bolivariano, salvo el nombre del personaje histórico, ha llevado a la miseria a millones de venezolanos en el país que fue el más rico y despilfarrador de América Latina.
Sobre el autor:
JEFFERSON AND´RES RODRIGUEZ . Trabajador Social, Especialista en Alta Gerencia, líder social y promotor del pensamiento Nadaísta
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