Por: Alvaro Enrique Parada Villamizar


Las elecciones presidenciales este domingo 28 de julio de 2024 en Venezuela, tras 11 años en el poder dictatorial de Nicolás Maduro que hereda de Hugo Chávez con el Socialismo del Siglo XXI sustentado en los cuatro ejes en el desarrollo democrático regional (los países no desarrollados deben tener Estados activos con políticas económicas que impulsen la industrialización, para alcanzar autonomía), la economía de equivalencias (modelo que no esté basado en el precio de mercado a los que considera fuentes de las asimetrías sociales y de la sobre explotación de recursos naturales), la democracia participativa y protagónica (los ciudadanos tienen mayor participación en la toma de las decisiones políticas) y las organizaciones de base (carácter sociopolítico en las comunidades a la que sirven). Del cual utópicamente hoy el mundo unido busca remediar con el cambio climático en reemplazo de energías fósiles a limpias, el combatir la pobreza extrema mejorando la agroindustria, el lograr la paz en pueblos desiguales por conflictos armados y el fomentar la equidad en nuestros pueblos, es lo que se persigue actualmente en los objetivos de desarrollo sostenible por la ONU y que desafortunadamente una enceguecida manipulación conveniente e intervencionista de EEUU al fomentar bloqueos económicos persiguiendo “comunismo” o “sintiéndose dueño territorial” en su Doctrina Monroe donde dice: “América para los americanos”, es la razón de la quiebra económica del país hermano, donde es la riqueza minero energética en reservas futuras lo que ha impulsado este boicot.
Personalmente, ante tanta polarización en la mayoría del globo terrestre entre las múltiples ideologías, surge la necesidad de pensar sin mezquindad en el futuro de Venezuela y que “el acuerdo de Barbados” pactado entre Gobierno de Nicolás Maduro y la oposición en cabeza de Edmundo González Urrutia, brinde garantía electoral en promoción de derechos políticos y que sea avalado pacíficamente cualquier resultado por las partes, para que surja entre las cenizas durante las próximas décadas libre del bloqueo orquestado, que nos beneficiará como vecinos y aliados históricos económica y socialmente, tal como lo precisa el Departamento del Tesoro de EEUU levantando licencia a un grupo de sanciones contra la industria de hidrocarburos, de gas natural y aurífera del país, también removiendo prohibiciones contra la comercialización secundaria, advirtiendo que la decisión podrá ser revocada si no se honran los compromisos.
La controversia surge en la imposición imperialista del intervencionismo conveniente sobre un territorio de riquezas, que en otro lugar pasaría desapercibido el defender derechos humanos, el combatir la corrupción o el liberar de violencia un pueblo, que tendrá la oportunidad de expresar su voluntad eligiendo un futuro mejor que implique garantías, pero ¿para quienes? Ese es el dilema…

¿boicot a Venezuela?
Venezuela es aislada por sugerencia de EEUU en 2013, justificando razones de política hostil del régimen autoritario de Maduro al desencadenar en crisis humanitaria por corrupción estatal e inseguridad, donde el pensamiento chavista vulnera derechos humanos a los protestantes, siendo la excusa perfecta para aislarlos comercialmente como lo hicieron con Cuba hace seis décadas, anteponiendo solapadamente el desafío de la Doctrina Monroe «América para los americanos», por la participación abierta de actores como China y Rusia, al sentir amenazada la hegemonía del dólar y la abundancia de riquezas naturales del territorio bajo el concepto de “maldición de los recursos (resource curse)”, llevando a conflictos que obstaculiza el desarrollo como sucedió y sucede con Irak, Libia, Nigeria, Angola, Irán o Rusia. Los recursos minero energéticos venezolanos lo avalúan como el primer país en reservas de petróleo con el 18% del mundo, posee gas natural que lo posiciona como la 8va nación, el arco minero del Orinoco estima reservas de oro que lo ubica como el 2do país, la reserva estimada de hierro como el 5to país y en bauxita materia prima del aluminio posee el 1% de la reserva mundial en 16 veces más que los Estados Unidos.
A lo largo de la historia en América Latina se documentan boicots económicos orquestados por EEUU, destacándose Argentina con Juan D. Perón en su primera Presidencia, el de Cuba desde 1960, el de Chile contra Salvador Allende en 1973 y en Brasil contra Joao Goulart en 1964. Durante el siglo XXI varios países han padecido sanciones y bloqueos como Irán, Irak, Birmania, Zimbabue, Bielorrusia, Siria, República Democrática del Congo, Sudán, Somalia, Libia, Costa de Marfil, Líbano, Ucrania, Corea del Norte, Yemen, Sudán del Sur, Rusia y Venezuela. A los anteriores pueden sumarse casos como Qatar, sancionados por países árabes dentro de la órbita de influencia de EEUU. Si en el siglo XX la causa que justificaba el bloqueo era abiertamente la lucha anticomunista, hoy en día se viste con otros mensajes, como la lucha contra el terrorismo, violaciones de los derechos humanos o “crisis humanitarias” definidas unilateralmente. El bloqueo, en términos generales, busca restringir la capacidad de ingresos nacionales (si se trata de un embargo a la principal fuente de recursos del país), cerrar las fuentes de financiamiento externo, y boicotear la capacidad de acceso a los mercados internacionales de bienes y servicios.
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