Por: Nerio Luis Mejía.


La elección de Gustavo Petro, como presidente de la República de Colombia, no obedeció a un golpe de suerte, ni mucho menos fue el resultado, de un trabajo liderado por una fraccionada izquierda. Aquí hubo muchos factores, que incidieron para que esto fuera posible.
Ya la clase dirigente política, venía presentando un desgaste imposible de ocultar, siendo la administración del expresidente Iván Duque, una prueba de ellos. Sin embargo, como lo dice un sabio dicho. “Desde que se inventaron las excusas nadie queda mal.”

En el gobierno de Duque, se presentó la peor tragedia que pudo enfrentar la humanidad, como fue la pandemia del COVID-19. Que no solo produjo muertes y confinamientos, sino que también originó el peor estancamiento económico en la historia contemporánea. A lo cual nuestros aventajados políticos, pudieron sacar ventajas y de esa manera se apropiaron de recursos públicos, que iban destinados a paladear la crisis pandémica, es decir le sacaron partida a la calamidad.
La administración Duque, pasó a la historia de Colombia, como la mas incompetente frente a la tragedia del covid-19, y a la vez, por los escándalos de corrupción, ya normalizados en cualquier gobierno en nuestro país. Fueron esos factores que produjeron una serie de inconformismo, que se manifestaron en las calles, conocido como el Estallido Social, del 2019 – 2021, lo que muchos calificamos en su momento de un levantamiento popular.

El trágico final de los acontecimientos presagiaba la tragedia, ante los excesos de las fuerzas del orden, en contra de las multitudes. Especialmente de jóvenes, que dejaban ver su inconformidad, en una ira incandescente que atacó a todo lo que se les atravesara en su camino. Por su parte el antiguo cuerpo anti motín, conocido como Escuadrón Móvil Anti Disturbio ESMAD, por sus siglas, disparó a los ojos de los muchachos, lo que dejó a muchos de ellos tuertos, otros muertos, las detenciones arbitrarias, que terminaron en violaciones, desapariciones y toda clase de atropellos, en contra de los derechos humanos.
La chispa estaba encendida, con el apoyo de políticos de izquierda, que financiaban a través de VAQUIS, la compra de elementos para fabricar escudos, máscaras y ollas comunitarias, para alimentar a los jóvenes rebeldes, que estaban dispuesto a entregar su vida, por un cambio en nuestro país.
Fue así que el actual presidente, desde la esquina política, con un claro discurso que alimentaba las esperanzas de todo un país, pudo convencer hasta los mismos corruptos que ordenaron a jóvenes disparar en contra de otros jóvenes; para que se sumaran a la propuesta política alternativa, del llamado Pacto Histórico.
De esa manera terminaron los militantes de los partidos tradicionales, sumándose a la iniciativa política de transformación social, que se escribió en las calles, con lágrimas y sangre de madres y jóvenes, que hoy lloran ante los escándalos de corrupción que sacude al gobierno del Mesías Gustavo Petro.
Un gobierno de paradojas, que mientras se trabaja en la búsqueda de la paz total, los actores armados se multiplican y desafían a la institucionalidad. Por otro lado, mientras se busca a través de las reformas políticas, ofrecidas en campañas, las cuales combatirán la corrupción y llevarán agua y pan a los mas pobres, el gobierno se alía y participa en actos de corrupción, que hoy tienen en tela de juicio, a la administración que nos ofreció, cero tolerancias con los corruptos y el desmantelamiento del ELN. Guerrilla que cada día gana mas relevancia en el panorama nacional, que a la vez aparece relacionada, por el polémico exdirector de la UNGRD, Olmedo López, como presunta beneficiaria en el ofrecimiento de contratos, de esta entidad, con el objetivo de avanzar en una mesa de negociaciones, a la que todos vaticinamos como va a terminar.
Los escándalos de corrupción y el manejo a las investigaciones que se adelantan en contra de funcionarios del actual gobierno, al igual que los procesos penales que enfrenta Nicolas Petro, no pueden crear válvulas de escapes, que terminan relevando a los funcionarios judiciales que dirigen dichas investigaciones. Lo que nos deja con el sin sabor, de creer que en medio de la polarización, ni la justicia se escapa en este entramado de corrupción y violencia, que la convierten en una entidad de bolsillo, sembrando las desesperanzas en el cambio prometido en campaña.
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