¿INDEPENDENCIA O NUEVA COLONIZACIÓN?

Por: Michael Alexis Galvis Contreras

¡Oh, gloria inmarcesible!, ¡Oh, júbilo inmortal!, soñamos con una nación libre ¿pero cuando llegara?  Si bien la independencia de nuestro territorio se empezó a gestar al igual que muchos países de la región, a través de la expulsión de autoridades coloniales y la instauración de gobiernos propios. Aun seguimos a la espera de la inversión extranjera y los favores del vecino especialmente en el área comercial.

Nos independizamos de cadenas visibles, de la dominación directa de una corona extranjera. Pero, ¿qué hay de las cadenas invisibles que aún nos atan? ¿Qué hay de las nuevas formas de colonización que se disfrazan de progreso y modernidad? Aun hoy día luchamos contra las sombras de la dependencia económica, cultural y política. Aun hoy día seguimos esperando la favorabilidad de los patrones extranjeros, moldeando nuestro curso según intereses externos, mostrando lo limitada que esta esta nación al momento de elegir su propio destino.

Mas allá de esa dependencia económica, NUESTRO país (lo escribo en mayúscula para resaltar que es una necesidad inmensa) requiere independizarse de las estructuras internas que le dan fuerza a la desigualdad y la injusticia. Por ejemplo,  la corrupción como mal principal de nuestra sociedad que daña la confianza en las instituciones y los servidores públicos. Merecemos independizarnos del favor político, de las diferencias de clase, de la mal llamada “humildad” que es confundida con indefensión, de la exclusión social, del rechazo a las ideas ajenas; de la malicia indígena que nos impide trabajar con transparencia y realizar acciones tan canallas como ponerle el pie al que quiere caminar en paz.

Merecemos mas que todo independizarnos de los miedos y la violencia, para construir un país en paz necesitamos no darles la espalda a los problemas ajenos, no ser creyentes ni seguidores ciegos de personajes que buscan beneficios particulares por encima de los colectivos, no aprovecharse de las desgracias del otro, y más importante aún, que alguna vez fuimos todos hermanos. Porque el país no esta muerto, pero con nuestra indiferencia lo estamos desangrando.


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