HACIA LA SEGUNDA INDEPENDENCIA

Por: Nerio Luis Mejía.

Cada 20 de julio, los colombianos amanecemos con la bandera nacional, colgada en balcones y puertas de nuestras casas. Otros nos colocamos la camiseta tricolor, en señal que a través de los siglos, honramos la gesta independentista y el reconocimiento a nuestros próceres, que ofrendaron su vida, en la consecución de la independencia de nuestro país, del yugo colonial español.

Sin embargo, la tragedia para la gran Colombia, no terminó con la expulsión de los hombres proveniente del viejo continente, que invadieron las sagradas tierras de la América india, cometiendo los peores crímenes en contra de nuestros aborígenes.

A pesar de la gravedad por los actos cometidos por parte de los colonizadores españoles en contra de los nativos, hoy los hijos de esta mezcla racial, damos por superada la tragedia que padecieron nuestros ancestros, tejiendo lazos de amistad con España, a tal punto de considerarla como la madre patria.

Luego de la expulsión de los invasores, la nueva república pasó a hacer gobernada por los criollos. Los hijos de españoles nacidos en suelo americano. Que a pesar de ser víctimas de la discriminación racial, por parte de los habitantes del viejo continente, estos nuevos gobernantes heredaron lo peor del gen maligno, ese que trajeron los peores criminales, que fueron arrojados al mar, en una aventura donde se cambiaba la vida por la libertad; si sobrevivías al impetuoso océano. Movidos por la ambición de conseguir oro y tierra para la corona, que a pesar de haber conquistado la independencia, ha perdurado hasta nuestros días.

La independencia es mas que colgar nuestra bandera, cada 20 de julio en una ventana. La verdadera independencia se conquista con el conocimiento y la capacidad de liberar nuestra consciencia, a la hora de participar en la construcción del país. La independencia debe ser una constante y que cada cuatro años tenemos la oportunidad de evaluar, si verdaderamente valió la pena el gran sacrificio de nuestros libertadores en expulsar a los invasores del nuevo mundo.

Doscientos catorce años después de nuestro grito de independencia, seguimos sufriendo en silencio, bajo el yugo opresor de nuestros propios gobernantes, criollitos, pero con ínfulas de europeos, que vacacionan en las grandes urbes de China, Europa y los Estados Unidos, mientras que el hambre y la sed matan a su pueblo. En las apartadas regiones de la Colombia independiente, se levantan mujeres y hombres en armas, que oprimen bajo el peor régimen de terror, a las comunidades mas empobrecidas, algunos justifican su existir en una lucha en contra del nuevo imperio norteamericano, pero tan seguidores del gringo que no pueden vivir sin la bebida Coca-Cola y el rifle M16. En la Colombia independiente de España, que cada 20 de julio recuerda la gesta libertadora, muchos compatriotas se ven obligados a cruzar el atlántico en la búsqueda de la patria del blanco invasor, huyendo de la violencia y la corrupción por parte de los criollitos que heredaron el linaje de la trampa traída de las tierras europeas.

La verdadera independencia de una nación, es la que nos permite a los ciudadanos gozar de la mayor percepción de seguridad en todos los sentidos, (Alimentaria, Laboral, Salud, Educación de Calidad entre otras), alejada de la violencia y la corrupción, que nos acerca mas a la esclavitud, que a la de sentirnos libres de cualquier yugo opresor.

La independencia de Colombia, seguirá siendo un sueño de mujeres y hombres libres. Que cansados de las falsas promesas, siguen pensando que nuestro país no necesita de un líder, si no de un mesías que pueda salvarnos esta vez, no de los imperios, Norteamericano y Español; si no del imperio de la corrupción, que sigue matando de hambre, sed y violencia a los mas desfavorecidos que cada 20 de julio celebramos nuestra independencia.


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