No me observes con ojos de prejuicio, como si no me conocieras, con mirada de decepción, y pensamientos de caudillo, no ocultes que me quieres, que me extrañas, que me amas. No intentes hacer como si nada sucediera, no camufles sentimientos, ni disimules emociones, no ignores mis llamadas, no omitas que toco tu puerta, no escondas las cartas que te escribo, no olvides asomarte a la ventana, que estoy afuera.
Mátame con la verdad, pero no me mientas, suelta tu rostro rígido y háblame, quítate la máscara de suspicacia, no me hagas creer que te da igual, dime qué te enoja, qué sientes, qué te duele, qué te incomoda, qué hice y qué no.
No me ignores, no cambies lo que eres por mí, no escondas a la mujer enamorada, no la castigues en el olvido, ni la ates al sótano de tu desprecio, no secuestres el amor que te di, ni asesines el sentir de mis besos. Rómpeme, mátame, pero no me ignores, no mi vida.
Puede ser que muchos te deseen en las noches, que algunos te piensen con lujuria, y te crean diosa, te enaltezcan y te alaben, que te hagan creer una celebridad, una reina, pero yo soy tu plebeyo, tu fiel apóstol, tu seguidor.
Déjame acercarme a ti, déjame rozar tus manos y sentir que tu piel se eriza con mi tacto, que tus piernas te traicionan con mi voz, que tus labios se secan, y tus ojos se empañen.
Hazme sufrir, condéname a rogarte, pero no me ignores.
Castígame con tus miradas, tortúrame con tus insultos, desángrame poco a poco con tus verdades, pero no me degüelles con tu silencio, ni me apuñales con tu sombra, no me tortures con la incertidumbre de no tenerte.
No me obligues a saltar ese muro que quieres construir en medio, no hagas que cruce el río del desdén, no me hagas atravesar el bosque de tu repulsión. Si no tienes ganas de amarme, dímelo, pero no me hagas asumir que no te importo.
No te pido que me trates como el amor de tu vida, pero tampoco me ignores como el desamor de tu muerte.
Ódiame, júzgame, ámame, y carga sobre tu desprecio toda nuestra historia, nuestra vida juntos.
Que cuando se te pase, te haré reír, te recordaré este mal instante, y con la misma voz que te supliqué, te diré: ¿Ves que aquí estoy, ignorando que me ignoraste?
Deja un comentario