EL GOBERNADOR MÁS “SOLIDARIO E INCLUYENTE”

Por: Hazzam Gallego

El reciente reconocimiento otorgado a William Villamizar como «el gobernador más solidario e incluyente» ha causado una mezcla de incredulidad y escepticismo. En una región donde la transparencia gubernamental y la eficacia administrativa son escasas, este premio parece más una broma de mal gusto que un reconocimiento legítimo. Solidario, claro que sí. Villamizar ha demostrado una solidaridad inquebrantable con su familia, contratistas y amigos cercanos, quienes se están llenando los bolsillos a costa de la administración que él lidera. Según el reconocido periodista Daniel Coronell, la familia de Villamizar está involucrada en todo, desde el Hotel La Montaña hasta los procesos de extinción de dominio que se desarrollaron y se engavetaron durante la gestión de Francisco Barbosa en la Fiscalía. Esta “solidaridad” también se extiende a los representantes y senadores de bolsillo, quienes influyen y manejan abiertamente sin restricciones ciertas dependencias y secretarías del departamento.

Ha dado espacio a cada uno de los jeques políticos de la región, eso lo hace incluyente, los mete en todo, desde el ocañero inservible Ciro Rodríguez, pasando sus peones Wilmer Carrillo y el testaferro Wilmer Guerrero, hasta el ex del ex Edgar Díaz con Comfanorte, sin olvidar a los Ramiristas y alcaldes de bolsillos regados en el departamento. Y ni hablemos de los medios de comunicación, donde ha conseguido silenciar al 99% de ellos, comprando algunos y manipulando otros. Si hablamos de solidaridad, nuestro impoluto gobernador es el más solidario e incluyente porque no deja a nadie cercano a él sin su “regalito”.

No quiero juzgar al “mejor gobernador de la historia del departamento” sin datos reales. Hablemos del plan de desarrollo, porque me imagino que eso es lo que estaban evaluando, ¿no? Una de las líneas estratégicas del plan es la Inclusión y Protección Social, centrada en la prestación de servicios como salud, educación, cultura, recreación, deporte y vivienda, con especial atención a las necesidades específicas de diferentes grupos etarios y poblacionales para asegurar políticas y programas inclusivos y equitativos.

Según el mismo gobernador, el premio se otorgó por el enfoque educativo a las comunidades indígenas y la población migrante. Sin embargo, ni en la página oficial ni ningún miembro de la fundación ha querido revelar los parámetros evaluativos. Parece que fue un premio más fácil de comprar que de ganarse por mérito. Revisando el plan de desarrollo «Norte: Territorio de Paz», presentado este año y que apenas comienza a ejecutarse, encontramos algunas inconsistencias. En sus 539 páginas, solo hay cuatro menciones de la comunidad U’wa. Dos de ellas describen las poblaciones indígenas, y las otras dos hablan de un enfoque étnico que no dice nada sobre educación, más allá de incluir el lenguaje endémico de estas poblaciones en el Plan Decenal de Lenguas Nativas junto con los Barí.

Solo encontramos 4 menciones a los pueblos uwa en el PLAN DE DESARROLLO. Sí, UWA porque U´WA solo tiene una mención.

El 80% de los planes de desarrollo presentados por los gobernadores del país tienen una visión similar, por lo que no es una innovación ni algo por lo que se gane un premio. En términos de equidad y solidaridad, el plan de desarrollo menciona estos términos, pero no se considera superior a los planes de desarrollo de departamentos como Chocó, Valle del Cauca, Atlántico o incluso Arauca, que mencionan y llevan una línea más completa en materia de igualdad y solidaridad. Este premio parece ser simplemente un trofeo comprado para un gobernador que aún no ha ejecutado nada de su plan y que apenas ha sido aprobado. Es un intento descarado de desviar la atención de la imagen negativa que ha llevado consigo toda su vida y que lo tiene un poco más jorobado de lo normal.

La entrega de este tipo de premios sin un análisis riguroso y transparente no solo erosiona la confianza pública en las instituciones, sino que también desvaloriza los esfuerzos genuinos de otros líderes que verdaderamente trabajan por la inclusión y la solidaridad en sus comunidades. Al premiar promesas vacías y proyectos en papel, se socava la importancia de los logros reales y se perpetúa una cultura de complacencia y corrupción. En lugar de celebrar falsos ídolos, de aplaudir como borregos al jefe, es imperativo que los ciudadanos exijan transparencia, no coman cuento, hagan investigación, asistan a la rendición de cuentas y hagan seguimiento a resultados tangibles de sus gobernantes. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad verdaderamente justa, equitativa y con pensamiento crítico que es lo más importante.

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