Por: Pretérito Perfecto


Cada cuatro años, los nortesantandereanos acudimos a las urnas a renovar el Congreso, cuya responsabilidad es lograr, por su labor legislativa, que este país sea viable para todos y que las empresas que vengan a invertir encuentren una tierra fértil. Por eso, cada vez, los políticos que se reeligen sacan cuentos, frases y dichos pintorescos para continuar engañando a sus electores. Estos personajes no buscan votos nuevos ni salen a la calle a buscar la simpatía de la ciudadanía, porque saben que la gente de bien los repudia al verlos. La razón es clara: aparte de ineptos, han inoculado el cáncer moral en el departamento con su concepción de hacer política a través de la burocratización parasitaria de las entidades territoriales. Al punto que un senador, desde su poltrona en Bogotá, elige quién trabajará en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), quién en las Cajas de Compensación Familiar, y en algunos casos tan extremos, elige fiscales para trabajar en el departamento.
Muchos de estos irreparables saben que a veces engañar dos y tres veces les funciona para reelegirse. Pero a veces ya no es suficiente, por lo tanto, deben acudir a dar dinero, mercados, prometer OPS por tres y seis meses, y hasta ayudar a que empleen a la enfermera recién graduada en el IDS o darle el empujoncito al médico recién graduado, endeudado con el Icetex, para que trabaje en algún puesto de salud. Eso sí, por seis meses, y a los que mejor les va, por un año.
En nuestro departamento, los políticos locales no dejan de sorprendernos. Desde la alcaldesa que le entregó las llaves de la ciudad de Cúcuta a la Chilindrina, hasta alcaldes que tomaban whisky con los jefes paramilitares en el año 2000, mientras en Villa del Rosario existía un horno crematorio funcionando. Tenemos un exalcalde preso, otro con propiedades a las que se les acaba de aplicar extinción de dominio, y un senador que en su cuatrienio solo propuso anexar una estrofa al Himno Nacional. Desde el senador que afirmó que el sueldo no le alcanzaba para comprar la gasolina de las camionetas, hoy embajador en Paraguay, hasta el senador liberal Alejandro Carlos Chacón Camargo. En las pasadas elecciones, comenzó la campaña diciendo que sería el senador que acabaría con el IVA (promesa en futuro), luego cambió el mensaje diciendo que sería el senador que lucharía por acabar con el IVA (incluyendo el verbo «luchar» en futuro). Pero en la práctica, solo podemos ver que habla de esa utopía sin sustento ni asidero lógico. Aunque lo explica muy bien, no tiene evidencia empírica que demuestre que sea viable. Sin embargo, le sirvió para reelegirse para el periodo 2022-2026, obteniendo 117,837 votos.
Cabe recordar que del 20 al 28 de diciembre de 2016, el entonces representante a la Cámara, Alejandro Carlos Chacón, hacía parte de la Comisión Tercera de Hacienda y Crédito Público. En sesiones extraordinarias de plenaria de Senado y Cámara, convocadas por el Presidente Juan Manuel Santos, se discutió el proyecto de ley número 163 del 2016 Senado, 178 del 2016 Cámara, titulado: “Por medio del cual se adopta una Reforma Tributaria Estructural, se fortalecen los mecanismos contra la evasión y elusión fiscal y se dictan otras disposiciones.”, Ley 1819 de 2016, que subiría el IVA del 16% al 19%. La participación del señor Alejandro Chacón fue minúscula, casi invisible en cada una de las cuatro plenarias que conllevaron la discusión y aprobación de esta ley. La conducta del senador fue pasiva. Ahí no era el enemigo del IVA, y aunque no votó a favor, su silencio permisivo logró que los de a pie tengamos que pagar más impuestos por los privilegios de estos.

Es bien sabido que al que es leal y fiel a los intereses del establecimiento político se le premia. Por tanto, un año después, al Enemigo del IVA se le eligió como presidente de la Cámara de Representantes. A Juan Manuel Corzo, por haber apoyado la subida del IVA y siendo derrotado en las parlamentarias del 2018, se le dio una embajada en el gobierno de Duque y hoy es embajador de Petro. A Andrés Cristo, le sirvió para fortalecer la posición de su hermano Juan Fernando Cristo, ministro del interior de ese entonces, hoy ministro de la misma cartera, posesionado el lunes pasado. Este último favor fue una contraprestación por los votos conseguidos por esa colectividad en el departamento en las elecciones presidenciales del 2022. A la terminación de este artículo, y mediante información suministrada por la Sección de Leyes del Senado de la República, se pudo constatar que a 23 meses y 20 días de posesionado como senador de la República, el señor Carlos Alejandro Chacón no ha radicado ningún proyecto de ley que pretenda eliminar el IVA. De lo que lleva de senador, ha radicado 52 proyectos de ley y 12 proyectos legislativos, pero ninguno de naturaleza tributaria para acabar con el IVA. Así las cosas, como temíamos, su promesa solo era parte de su engaño final.
Para muchos analistas de a pie, esta propuesta de campaña era la última que iba a poder realizar. Esto lo llevó a prometer lo incumplible, porque no tiene aspiración de relegirse al Senado en el 2026. Claro está que ya estará incubando algún testaferro electoral a quien endosarle los votos. El senador Carlos Chacón cumplirá al culminar este periodo 16 años como funcionario público, buscará algún puesto de ministro o embajador al estilo de sus coterráneos para completar 20 años y, siendo mayor de 50 años, lograría quedar pensionado para seguir viviendo sabroso a costa de los contribuyentes, para luego aspirar a quedarse con las riendas totales del oprobioso Partido Liberal, una vez abandone ese cargo el señor César Gaviria.
La entrega de premios sin un análisis riguroso y transparente no solo erosiona la confianza pública en las instituciones, sino que también desvaloriza los esfuerzos genuinos de otros líderes que verdaderamente trabajan por la inclusión y la solidaridad en sus comunidades. Al premiar promesas vacías y proyectos en papel, se socava la importancia de los logros reales y se perpetúa una cultura de complacencia y corrupción. En lugar de celebrar falsos ídolos, es imperativo que los ciudadanos exijan transparencia, rendición de cuentas y resultados tangibles de sus gobernantes. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad verdaderamente justa y equitativa.
En nuestra próxima columna, hablaremos de Juan Fernando Cristo, el Petrista.

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