ODA A MI CUERPO

Por: Jean Carlos Arenas

«Se trata de mi cuerpo al que bendigo,
contra el que lucho
el que ha de darme todo
en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo»
-Jaime Sabines

Cuerpo mío al que habito,
al que a veces no comprendo,
con el que a veces me excedo,
mi fiel y cambiante
compañero permanente
desde mi concepción
hasta mi muerte:
te amo y te abrazo.
Con cada una de tus células
formando en sincronía
casi perfecta
cada rincón
del hogar terrenal y precioso
de mi alma.
Te amo con cada gramo de más
que registras en la balanza
y dejamos huella indeleble
de nuestro paso en las calles
y en el mundo.
Te amo porque
de alguna forma misteriosa
sabes cómo hacer visible
el mar de emociones
que llevo dentro
y me conectas conmigo
y con otros
y me recuerdas que existo.
Te amo porque
sin importar las caídas
sabes cómo ponerte de pie,
resanas tus heridas,
las transformas
en medallas de guerra
e historias para contar
y sigues adelante
caminando, corriendo o danzando
pero fluyendo siempre con el universo,
persiguiendo las maravillas
que a manos llenas te ofrece
y de paso, también mis sueños.
Te amo por ser amigo y custodio
de mis más preciados
tesoros y secretos
que bajo la ropa se ocultan,
que mis labios callan
y sólo unos pocos conocen.
Te amo, te celebro y te bendigo
por darme la libertad
de ser, de estar y de sentir,
por ser fuente y receptáculo
de placer, de magia, de calor…

Te amo y de rodillas
dentro de tí te pido perdón
por cada vez
que te miré con desdén
frente al espejo como testigo,
por las veces en que te castigué
con excesos y carencias autoimpuestos
por alimentar al engendro maldito
del ego y las expectativas ajenas;
te pido perdón
si junto con mi dignidad
te hice tapete para que otros
limpiasen de su ser
la inmundicia
que llevan a rastras
detrás de su aparente belleza.
Mea culpa
si alguna vez
la vergüenza me cegó
los ojos y el corazón
y pretendiendo en vano
una perfección estereotipada
(y técnicamente irreal),
me negué a ver lo hermoso
y único que en realidad eres.

Cuerpo mío al que habito,
te amo y te abrazo
con tus encantos e imperfecciones.
¿Cómo pagarte tributo
por todo cuanto
me has permitido vivir
y conocer, si no es de otra manera
que ser tu guardián
y tu compañero fiel
en este viaje por la vida?
¿Cómo no honrarte
si eres ese templo
de carne y hueso que guarda
lo sagradamente humano
de mi esencia?
Abrazo la chispa divina
que te dio origen
hace muchas lunas atrás.
¡Amo y celebro
que una talla no te limita
ni nos define
porque con todo cuanto
me sobra y me falta
también estamos hechos
de estrellas
(bien lo dijo Carl Sagan),
porque mi verdadera talla
es la misma del universo,
incluso desde antes
que mi nombre se escribiera
en la memoria de los tiempos!

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