Camino lentamente sobre las calles penumbrosas, sucias, polvorientas y oscuras. La basura decora las casas, montones malolientes apilados contra las paredes. El humo negro se esparce por el cielo, oculta las estrellas. La luna enfoca su luz blanca con enojo, su resplandor frío e indiferente ilumina la desolación. Las cucarachas se apoderan de los andenes, moviéndose con una audacia que envidio. Observo como las ratas cruzan las calles. El olor a cigarrillo me persigue, como un detective sigiloso, envolviéndome. Las cenizas caen y se mezclan, con la suciedad del sitio, formando una capa grisácea que cubre todo. Mis labios agrietados buscan hidratarse, con mi saliva de nicotina, apenas alivian la sequedad. Mis ojos rojos revelan lágrimas y veneno, una mezcla de tristeza que fluye por mis venas. Las sombras de los árboles susurran que siga. Mientras esquivo vagabundos plácidos, durmiendo en medio de heces y líquidos humanos, observo sus cuerpos inertes en un sueño sin esperanza. Perros ladran diciéndome, tú no eres de aquí, vete, sus ojos brillando con desconfianza y miedo. Gatos esquivos llevan rastros de caricias sucias, manos engrasentadas, sus ojos me prejuzgan. Las prostitutas en la esquina dicen halagos falsos, palabras embaucadoras, voces suaves sin promesas. Las casas decoradas con grafitis y letras mal escritas. Techos oxidados y puertas pidiendo auxilio, ventanas rotas reflejan lo que alguna vez fueron rostros. Niños con ojos perdidos y caras decaídas, sus miradas vacías reflejan una infancia robada, deambulan sin rumbo por las calles.
Un señor durmiendo rodeado de botellas, su cuerpo inmóvil, monumento a la desesperanza. Un cadáver pudriéndose en medio de la calle, sin dolientes, sin dolor, sin llanto, su olor carcome las narices, eriza la piel. Sintiendo la muerte rodeante en el sitio, olor a tabaco y gritos a lo lejos, una sinfonía de miseria acompaña mi caminar. Aquí las almas mueren y solo los cuerpos andan, la esencia de la vida se desvanece en cada aliento.
Mientras me acuesto en mi cartón, recuerdo que alguna vez tuve casa, alguna vez comí algo diferente a un pan dañado, alguna vez tuve una cama y alguna vez tuve familia. Ahora solo espero que el tiempo pase. Me pierdo en la droga que alguien me ofreció, y me condenó a la muerte.
Así es mi vida, una danza lenta y dolorosa, en las sombras de una ciudad que me ha olvidado, un alma perdida, un cuerpo que anda.
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