Columna elaborada por autoría de Luis Ángel R. Laguado


En los últimos días, se han revelado cifras desalentadoras a nivel macroeconómico. La economía nacional creció un 0,7% en el último semestre y el gasto se redujo en 20 billones a nivel general en el gobierno nacional. Las proyecciones de los ingresos tributarios de la nación no se cumplieron y la calificadora Muddy cambió la perspectiva de Colombia de estable a negativa. Todo esto impacta de manera directa o indirecta a las familias que tienen sus pequeños negocios de subsistencia o emprendimientos de fin de semana, como pueden ser: una venta de zapatos o prendas de vestir por redes sociales, un puesto de pasteles, la pequeña tienda de barrio, el tarantín quincenal o semanal de la venta de hallacas o mutes, por solo mencionar algunos casos que deben ser muy presentes a los conciudadanos de este lejano territorio, abandonado por la desidia y el desinterés de sus gobernantes. Y si de gobernantes se trata, no podemos obviar a nuestro excelso gobernador William Villamizar, quien tiene su propio negocio familiar, sumamente alejado de las peripecias de la ciudadanía en general y que recauda sus ingresos a partir de las promesas incumplidas a los electores, los proyectos inconclusos a los que no se les puede seguir realizando adiciones presupuestales y los elefantes blancos que recorren el valle de San José de Cúcuta y escalan de cuando en cuando a las montañas de los pueblos de occidente y oriente, donde el oro se escarba y el carbón se arranca de la tierra. Al único lugar donde los elefantes blancos suelen ir con muy poca frecuencia es a la selva del Catatumbo; allá, las fieras del presupuesto han devorado en innumerables ocasiones una carretera que conduce a Tibú y que en el papel figura pavimentada más de cuatro veces, obligando a sus inocentes pobladores a sembrar entre ellos mismos la violencia, que germina tan rápido que ya no parece un cultivo, sino más bien una plaga.
Como se ve en el anterior párrafo, nuestro querido lector ya irá imaginándose cuáles son los productos del negocio familiar del dueño de la cúpula chata. Sin embargo, como cualquier hijo de vecino, las cosas parecen no estarle saliendo bien, ya que tras una leve investigación de sus propiedades, nos enteramos de que el tres veces gobernador solo tiene un lotecito ubicado en el centro de Bogotá (de muy alto valor, por cierto) y pare de contar. ¿Será que sus propiedades cambiaron de dueño por allá en el año 2021 cuando se engavetó, por obra de la mano mágica de su socio Wilmer Carrillo, la investigación que se adelantaba y la cual ha sido muy sonada últimamente y pretendía hacerle extinción de dominio? Algún humilde lector, más enrevesado en estas mañas de nuestros gobernantes, podría ayudarnos a responder esta pregunta que no es retórica y que tiene por interés solo conocer la realidad económica de nuestro gobernador, quien se dice invirtió más de 50.000 millones para quedar nuevamente electo y regir los destinos de Norte de Santander por los próximos cuatro años.

Hay que reconocer el empeño que William Villamizar ha puesto en su empresa familiar, porque pasó de ser un humilde concejal a convertirse en dueño de la opinión en el departamento y además dueño absoluto del palacio rosado, desde donde se regenta Norte de Santander, convirtiéndose sin querer queriendo en la nueva aristocracia rancia que toma decisiones por todos sin asumir sus culpas, enmarcados en sus más de 11 procesos en la procuraduría, sus 51 procesos delegados a la Corte Suprema de Justicia (de los cuales solo 7 siguen aún activos) y además sus 8 procesos en tribunales administrativos en Norte de Santander (de los cuales 2 aún se encuentran activos y uno más va camino a la Corte Suprema de Justicia). Al parecer, el estandarte y la heráldica de esta nueva aristocracia no son sus méritos, escudos y símbolos, sino sus procesos. Pero no nos ensañemos más con el rey (no vaya a ser que sus súbditos se sonrojen más de la cuenta, algunos griten y otros fijen la mirada de manera distraída hacia otro lado). Así que hagamos un recorrido por palacio y visitemos a la compañera sentimental del tres veces gobernador, porque hay que dejar claro que todo rey tiene su reina, y la consorte plenipotente no debe ser la excepción de nuestras miradas. Al fin y al cabo, ella debe saber muy bien qué fue lo que pasó con las propiedades de su amado, ya que al menos ella nos sorprende con un número quizá más razonable de propiedades, aunque igual siguen siendo escasas. Solo tiene 6 en todo el departamento, 3 en Cúcuta y 3 en Chinácota. Habrán de ser casas de verano e invierno respectivamente (supone uno) o lo más probable, predios que conducen a la montaña de oro donde las cartas se leen por una confiable pitonisa y el número 6 es alguna suerte de conjuro numerológico para atraer la prosperidad a su desvencijada familia, a la que al parecer las políticas perversas del gobierno Petro han afectado tanto de manera negativa que la infanta mayor, la princesa Paola, no cuenta con una sola propiedad a su nombre y lo único que tiene en su haber son 4 multas, partes, comparendos, infracciones de tránsito. Vaya uno a saber cuál debe ser el nombre correcto a usar para estos pequeños pecados de nuestra nobleza criolla. Es “seguro” vale la pena aclarar, pues eso fue lo que no pago la infanta Paola, que con tal de no volver a ser mencionados, nuestro rey prometerá como bien lo hizo Juan II, rey de Castilla, hace ya mucho tiempo “el oro y el moro” (aunque un tal Matamoros también esté implicado en estos asuntos de riesgo y será muy probablemente a desgracia suya noticia esta semana).
¿Habremos de necesitar un golpe de Estado para que esta tiranía acabe? Un golpe certero y no uno blando como el que han pretendido los medios en el país contra el presidente de la república, ni mucho menos uno de mentiras como el que dicen sucedió en Bolivia los últimos días. Un golpe de Estado de verdad, uno serio, que se construya desde las columnas de opinión y levante a la ciudadanía urgida de noticias veraces. Es bien sabido que para tal tarea no tenemos un general, pero sí tenemos un Coronell aguerrido que, como bien lo dijo él mismo, tiene la primicia.

Sobre el autor:
LUIS ÁNGEL R. LAGUADO Coproductor y guionista en Subversite. Publicista, mercadotecnista y consultor de negocios PYMES. Ciudadano político, disidente y detractor.
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