Por: Pretérito Perfecto


En el período de 1947 a 1991, duró la Guerra Fría entre los Estados Unidos de Norteamérica y la ex Unión Soviética, durante la cual el mundo se dividió en dos grandes bloques: uno alineado con el capitalismo norteamericano y el otro con el comunismo soviético. Muchos oportunistas han basado sus posturas ideológicas en ese conflicto, ya superado por la humanidad, pero indispensable para estos disminuidos mentales que nutren sus discursos y así obtienen adeptos. Unos, siendo pobres, añoran el comunismo, creyendo que el Estado les proveerá todo, y otros, acomodados, añoran el capitalismo, creyendo que les garantiza sus privilegios. Para las personas de bien, es indiferente si es comunismo o capitalismo, pues el progreso solo se logra con esfuerzo, disciplina y gallardía. A continuación, relatamos los hechos que envuelven a tres personajes que se han beneficiado al resucitar los estigmas de la Guerra Fría, odiando a la izquierda, pero con la salvedad de que solo la repelen si es pobre y no tiene de dónde obtener ganancias.
El primero fue el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien en julio del 2006, junto al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y su par de Panamá, inauguraron la estación del Tigre ubicada en la Guajira venezolana. Luego, en 2007, con el presidente Chávez y el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ambos mandatarios de izquierda, inauguraron la construcción del primer tramo del Gasoducto Transoceánico que llevaría gas desde territorio colombiano hasta la ciudad venezolana de Maracaibo. A partir de 2012, Venezuela exportaría gas a Colombia y otros países de la región. Para entonces, para Uribe, la izquierda no era nociva, pues le ofrecía logros que mostrar en su administración. Luego, en 2010, al no poder reelegirse y con una Venezuela quebrada por la fuga de divisas mediante importaciones ficticias, comenzó a predicar el castrochavismo de odio contra la izquierda, refiriéndose a la Venezuela arruinada de Chávez.

Otro caso es el del cucuteño José Luis Mora, quien quiso emular la hazaña de Bukele en El Salvador y ubicó como referente al alcalde de Bucaramanga de esa época, el ingeniero Rodolfo Hernández. Tanto así que en enero de 2019 le realizó una entrevista y encabezó la misma con estas tres expresiones: «Estoy en Bucaramanga con el mejor alcalde de Colombia, mi amigo Rodolfo Hernández. Ingeniero, muy buenos días, quiero decirle que los cucuteños lo admiramos y lo queremos mucho.» Luego, en 2022, en plena campaña presidencial, después de haber sido pionero del candidato Rodolfo Hernández en Cúcuta, declinó su apoyo, según él, porque Rodolfo apoyaba a Petro. En tono de despecho, publicó esta frase en su memorial de agravio contra el viejito: “Fui el martes a escucharlo acá en Cúcuta y después de decir una larguera de groserías contra todo el mundo, dijo: ‘Yo reconozco que Petro sabe mucho sobre el país, nunca ha generado un peso trabajando, pero él conoce las leyes del país.’” Añadió: “De ahí salí herido, triste, sin saber qué hacer y huérfano de candidato.” Y remató con esta frase: “Un señor millonario alineado con la izquierda radical.” Para José Luis Mora, solo se puede hacer política odiando la izquierda y atacándola, pues, según él, el comunismo y la izquierda radical tienen al mundo atrasado. Hoy, el paladín de la rabia contra la izquierda está comercializando productos de la China comunista y en su cuenta de Instagram muestra el progreso y los avances tecnológicos de China, y los productos que comercia en Colombia. Así que su odio por la izquierda era solo un resfriado, pues hoy, de lo que tanto renegó, le está dando de comer.

Luego, en julio de 2019, el presidente de Colombia, Iván Duque, hizo una visita formal a la China comunista, con su eslogan de sus viajes al extranjero: “Cuando el Gobierno sale, entra dinero al país.” Es ahí donde no entendemos: quien en campaña odiaba a la izquierda, hablaba pestes del comunismo y del castrochavismo, ahora aparece visitando China y, lo peor aún, ofrece una ofrenda floral, la misma con los colores del tricolor nacional, a los caídos en la guerra comunista. En una crítica delirante, el uribista de cepa Fernando Londoño manifestó: “Tengo que decirles, queridos amigos, que tengo el alma rota de tristeza, de amargura. No quiero volver a ver esa imagen: el presidente Duque poniendo la cabeza en señal de reverencia con un ramo de flores para festejar a Mao Tse-Tung. Eso es superior a mis fuerzas. Lo único que falta es que lo inviten a Rusia y haga lo mismo con Stalin,” dijo indignado. Este gesto diplomático ha sido visto como una incoherencia ideológica, debido a que Duque pertenece a un partido de derecha y, además, es uno de los mayores detractores de Nicolás Maduro, a quien tilda de “dictadura castrochavista.” Aunque Fernando Londoño aún vive con el estigma de la Guerra Fría, la anterior diatriba era justificada, pues Duque solo comprobó que el odio era con la izquierda pobre como la de Venezuela y Cuba, pero no con el próspero comunismo chino. En su visita, logró duplicar las ventas de café, vender 4 millones de cajas de bananos que representan 40 millones de dólares anuales y, por su parte, China donó a Colombia tres mil paneles solares, que beneficiaron a 1,500 familias colombianas.
Así que, para Álvaro Uribe, José Luis Mora y Duque, solo odian y repudian a la izquierda pobre. A la izquierda próspera y comercial se debe tener como aliado. Aprendamos, chinitos, que la lengua es castigo del traste y que es mejor dejar en el pasado los estigmas y argumentos de la Guerra Fría. Esperemos que para agosto de 2026 este episodio de izquierda y derecha se desactive de las nuevas generaciones, ya que, si en algo se parecen ambas, es que gobernando son un desastre.
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