Por: Jonathan Niño (Muelaz Mc)


En el torbellino de la vida adulta, con sus responsabilidades y exigencias, es fácil perder de vista a ese niño interior que alguna vez fuimos. Se opaca el brillo de sus sueños, se silencian sus miedos y se desvanecen sus alegrías. Sin embargo, en el camino hacia el autoconocimiento, resulta fundamental emprender un viaje introspectivo para reconectar con esa parte vulnerable y auténtica de nosotros mismos.
Un reciente viaje a la casa de la abuela me transportó a un pasado entrañable. El aroma del campo, el canto de las aves, cada rincón cargado de recuerdos… Era como un viaje en el tiempo. Sin embargo, la melancolía me invadió al no poder abrazar a la abuela o al menos verla. Comprendí que aún cargo con ese dolor, ese vacío que ninguna experiencia presente puede llenar por completo. Tu abrazo, mi querido niño interior, fue un recordatorio de nuestra conexión perdida y del tiempo que ha transcurrido desde la última vez que nos buscamos. Lamento no haberlo hecho antes.
Quiero expresarte mi más profunda gratitud por tu fortaleza y resiliencia. A pesar de las adversidades que has enfrentado, siempre has sabido seguir adelante. Te pido que liberes esos recuerdos dolorosos, como aquella vez que oramos fervientemente a un santo para que te librara de una injusticia. Recuerda que la verdadera salvación reside en tu interior, en tu fuerza y en tu capacidad para superar cualquier obstáculo.
Mi querido niño interior, prométeme que nunca me perderás de vista. Estoy aquí, presente en tus sueños y en tus momentos más oscuros, esperando a que me busques para compartir tus cargas y tus lágrimas. A veces siento que me ahogo en la soledad, incapaz de expresar lo que tanto me pesa. Pero ten presente que siempre estoy aquí para ti, dispuesto a escucharte sin importar la hora.
No olvides de dónde vienes, quién eras y quién quieres ser. Nos volveremos a encontrar pronto, y cuando lo hagamos, no tengas miedo de llorar si lo necesitas. Es un acto de valentía, no de debilidad.
Hace unos años, cuando la abuela falleció, mi alma quedó desolada con su partida. Mis mayores temores se hicieron realidad. Las ideas que tenía de poder demostrarle muchas cosas en vida ya no serían posibles y lo peor es que mis viajes a aquella tierra hermosa ya no serían lo mismo sin su presencia y la añoranza de abrazarnos mutuamente.
Sin embargo, entendí que hay que darle tiempo al tiempo y buscar esa sanación que necesitamos. Ella siempre deseó verme muy bien y que fuese orgullo para ella y la familia, incluso después de su fallecimiento. «De nada serviría que estuviera viva y yo fuese su mayor decepción», me decía.
Me agradezco profundamente por brindarme esta oportunidad de sanar mi alma y mejorar mi vida. Quiero sentirme orgulloso de mí mismo y así poder sentir que ella también lo estaría.
Reflexiones finales: Un llamado a la autocompasión y la autenticidad
Recuerda que el viaje hacia el autoconocimiento implica reconectar con nuestro niño interior, sanar sus heridas y abrazar su vulnerabilidad. Que los recuerdos, tanto dolorosos como alegres, forman parte de nuestra esencia y nos permiten comprender quiénes somos, y fortalecernos durante el proceso.
No reprimas las emociones, sino expresarlas de manera sana, ya que es crucial para el bienestar mental y emocional. Sobre todo, recuerda amar a Dios, también aceptarnos y amarnos tal como somos, con nuestras fortalezas y debilidades, es el pilar fundamental para alcanzar nuestros sueños.
Esta carta no solo es un diálogo con mi niño interior, sino también un recordatorio para todos nosotros sobre la importancia de cultivar la autocompasión, la autenticidad y la conexión con nuestra esencia más profunda.
P.D.: Sueña en grande, trabaja con determinación y alcanzarás lo inimaginable. «Los sueños sin lucha; solo son sueños de almohada» #MuelazMc 2024.

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