Tengo miedo de dejarte, de irme y olvidar tus ojos, de perderme en el mundo nuevo. Tengo miedo de que olvides mi rostro, mis besos, mis caricias y mis abrazos. Tengo miedo de que sueltes mi mano y camines sola, de que veas lo fuerte que eres sin mí, de lo independiente que sueñas ser, y sobre todo, de la grandeza que tienes.
Lo sé, soy egoísta, envidioso, te quiero para mí. No me siento aferrado, pero es que te quiero tanto que no quiero soltarte, no quiero que te des cuenta que mi mundo no es tan brillante sin tu luz, que observes lo que me rodea y veas en mí la rutina, el aburrimiento, lo endeble y común que suelo ser.
Tengo miedo que tus oídos se endulcen con alguien más, tengo miedo a que te de miedo arriesgarte conmigo, que me dejes solo en el frío ajeno, a que no cumplamos nuestros sueños, a ver las aureolas, a caminar en medio de tulipanes amarillos y naranjas, a caminar por el frío europeo, a comer pizza en Italia, a escuchar el agua de Venecia, a explorar castillos en Polonia, a observar la grandeza de los dioses griegos.
Quisiera llevarte en mi maleta, o quedarme con un pedazo tuyo que te obligue a buscarme, a no soltarme. Tengo miedo que un día te levantes y decidas no volver a verme. Pero con miedo, aún con un vacío en mi pecho, aún con un nudo en la garganta y la incertidumbre en mi mente, me voy, buscando lo mejor para mí, para ti, y para lo nuestro.
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