ESPECIAL DEL DÍA DEL PADRE

Por: Jonathan Niño

¿Sabías que?


Según expone la tradición católica, el Día del Padre originalmente se conmemora el 19 de marzo, que es el día de San José, padre de Jesús. Por este motivo, muchos países lo celebran en esta fecha. Sin embargo, otros países europeos e iberoamericanos adoptaron la fecha estadounidense, entre ellos, Colombia.


Hoy quiero compartir un poco de mi experiencia con la figura paterna en mi vida. Desde un comienzo, fui rechazado por un hombre que aparecería algunos años después. Desde que tengo uso de razón, crecí con un padrastro. Siempre me dijeron que ese hombre no era mi padre por diferentes razones que no vamos a mencionar aquí. Este hombre me corrigió cuando fue necesario y cuando no también. Con los años, empezó a enseñarme temas muy importantes para mi futuro, como hablar, caminar y trabajar. Me enseñó con cariño, estuvo ahí cuando estuve enfermo y me dio lecciones de vida que aún no le he agradecido. Entiendo que siempre hizo su mejor esfuerzo.


En esos días en los que no había mucho, me enseñó que no podía quedarme quieto, que su prioridad siempre debía ser la familia. Porque cuando se trata de fiestas, amigos hay por montones, pero en la escasez y ante la responsabilidad, todos se lavan las manos y se vuelven indiferentes. Ali Aka Mind, un rapero colombiano, tenía razón al decir: “Usted me priorizó, me educó y esa es mi herencia”.


Quiero agradecerle por ser una motivación, por los años de coraje para sacar a unos hijos adelante. Vivo agradecido porque aprendí que las cosas se valoran sólo cuando se pierden, que la forma de ser ante el mundo me dará una posición y un respeto. Gracias por brindarme más que un apellido, por los años de enseñanza, educación e influencia.


Aprovecho estas líneas para agradecerle por enseñarme a ser un buen papá, a ser responsable y a darlo todo sin importar si estoy cansado o quiero dormir hasta tarde, o si quiero algo pero debo comprar algo para mis hijas. Gracias por esos diciembres en los que no comprabas ni medias para ti mismo, pero siempre llegabas con un regalo o el estreno de fin de año, justificando que el niño Dios lo había traído.


¿Qué es un padre?


Podríamos responder de muchas maneras. Un padre no es solo quien aporta su genética, sino aquel que está presente en la vida de sus hijos. Un padre es guía, apoyo y ejemplo. Es quien enseña con sus acciones más que con sus palabras. Un padre es el que se levanta temprano y trabaja duro para proveer, pero también es el que dedica tiempo para escuchar, aconsejar y estar allí cuando se necesita.


Un padre es resiliencia y sacrificio. Es amor incondicional y firmeza cuando se requiere. Un padre es quien inculca valores, celebra los éxitos y consuela en las derrotas. En esencia, un padre es un pilar fundamental en la formación de quienes somos y en quienes nos convertiremos.


En mi vida, he visto cómo un padre puede ser una figura transformadora. Mi padrastro, aunque no compartía mi sangre, me enseñó que la paternidad va más allá de la biología. Me mostró que ser padre es estar presente, cuidar y proteger, enseñar y aprender juntos.


¿Recuerdan que les dije que mi papá aparecería unos años después?


En efecto, cuando tenía aproximadamente 8 años, conocí a un hombre que de inmediato se sorprendió mucho, ya que no habíamos hablado jamás. Ese mismo día me hicieron verlo como si tuviese un signo de pesos pegado en la frente, y que lo principal para lo que debía tratarlo era para obtener algo de dinero (cosas de adultos). Yo, siendo tan solo un niño, no quería que esto fuera así. Yo quería tener un papá propio, alguien que pudiera presumir con mis compañeros del colegio cuando fuera a recogerme en su bici, alguien con quien compartir un día a día de manera normal. Sin embargo, no fue así. Su vida dependía del trabajo y todo lo que implica, ya que él tenía una familia desde hace algunos años, entre ellos mi hermana.


Haremos un paréntesis para hablar de ella. El primer día que nos vimos, sentimos una alegría inmensa por volver a estar juntos, ya que sabíamos de la existencia del otro, pero lo único que teníamos eran unas fotos que nos mostraban y nos decían que éramos hermanos. Con el paso de los años, afianzamos una amistad y un cariño especial que nos lleva a decir que el mejor regalo y la mejor herencia que papá nos dejó cuando murió fue que nos teníamos el uno al otro. Desde entonces, no dejo de visitar a mi hermana y llevarle un chocolate como le gusta y lo que más le recuerda las visitas de papá.


Años atrás, antes de que mi papá muriera, yo sentía mucho dolor en mi corazón con él por no haber estado conmigo cuando lo necesité, por no llamar a preguntar si iba bien en el colegio o algo parecido. Y Dios me enseñaba que debía perdonar, que debía amarlo y estar pendiente de él, que debía hacer todo lo contrario de lo que él había hecho. Así que empecé a buscarlo, no por dinero ni por algún favor, sino para preguntarle cómo estaba, si necesitaba algo, si se sentía bien. Empecé a llamarlo solo para hacerle la charla y saber dónde andaba o qué estaba haciendo. Hasta el día que tuvo aquel accidente que acabó con su vida, estuve ahí para él y hasta el último minuto de los trámites estuve allí, en la medida de lo posible, apoyando a la familia.


Hablando con mi tío sobre el tema, me dijo que lo que le gustaría decirle a su papá si pudiera verlo por 10 segundo seria “Perdón por no pasar más tiempo con usted mi viejo, para poderle agradecer por enseñarme tanto” finalmente dijo, mijo “la vida es muy corta y si no aprovechas a tus padres cuando estén vivos, no lamentes cuando ya no estén”.


Mensaje para las nuevas generaciones de padres


A las nuevas generaciones de padres quiero dejarles un mensaje de acción: «Amen a sus hijos con amor profundo. Aprendan que el padre que ama y cuida también corrige en el momento oportuno, sin ira, sin rencor, sin lanzar palabras o insultos de los que luego se puedan arrepentir. Busquen crear el hogar que siempre soñaron, donde papá y mamá sean un equipo imparable y no un huracán indetenible. Hablen siempre, porque los niños no entienden muchas cosas que pasan a su alrededor. Hablen claro, sin tapujos, ya que hoy en día los niños son muy inteligentes. No volvamos a caer en la rutina de los hogares disfuncionales”.


Piensen en qué es lo mejor que pueden enseñarles para vivir en un mundo que va en detrimento todos los días. Enseñen valores, enseñen sobre el respeto y, sobre todo, la mágica experiencia de la responsabilidad.


Feliz Día del Padre en el cielo, en la tierra y donde sea que estés. Gracias por formar a un papá valiente y responsable, ¡carajo!


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