Capítulo V: La Realidad
Por: S. C. Ruiz


- Deseabas conocer el porqué de tu olvido, pero no solo querías saber porque habías olvidad, sino que también deseabas recordar; que, de alguna manera, pudieras reencontrarte con ellos, revivir lo que fue. Y así fue, todo te fue dado ¿Por qué sigues llorando? ¿Por qué tu alma sigue penando en vida? ¿Por qué se fueron de una manera indeseable? ¿Por qué ya no están acá? ¿Por qué los olvidaste sin querer olvidar? Todo te consume, todo te persigue, todo te agobia y te angustia; como si te fueras ahogar. Pero no es así, sigues acá.
- Solo quería recordarles, quería verlos de alguna manera; no quería tener que sufrir nuevamente por su perdida. No es justo volver a sufrir por lo que fue, por lo que paso. Es excesivo e innecesario…
- No, jamás será así. Nunca es excesivo, nunca será innecesario. Mira a tu alrededor, mira los vestigios del odio que hicieron todo esto posible. Como esas grandes alas de poder, se posaron en tu hogar, en el hogar de todos aquí y sin remordimiento o culpa alguna, termino socavando todo rastro de alegría y convirtió el color en un mero atisbo de una sombría morgue olvidada. Dime ¿Qué harás ahora que sabes la verdad? ¿Qué sabes cómo te fue arrebatado todo? ¿Buscaras felicidad en la venganza? ¿Olvidaras y dejaras el recuerdo entre estos escombros? ¿Crecerás como un hombre?
- Soy solo un niño, solo soy un pequeño niño. No es justo preguntarme todo eso, no se que significa nada de eso, no tengo idea de lo que debo o no debo ¿Vengarme de esos hombres? ¿Porque no podría hacerlo? Ellos me los quitaron, ellos me los arrebataron ¿Olvidarlos ahora? Estoy aquí, sufriendo nuevamente por que no deseo jamás olvidarlos, quiero que su recuerdo sea eterno en mí. No quiero recordar cargado de dolor, si lo hago, solo quiero ver la sonrisa de madre, el olor del café en las manos de padre; sentir en mi boca el sabor de la deliciosa frijolada de mi madre, como era sacar una trucha del riachuelo con padre.
- Eres un hombre en el cuerpo de un niño, como toda semilla. Pero la perdida tiene una verdad que puede ser muchas, la verdad por mas que sea verdad, no dejara de ser dolorosa por mas que se quiera. Aun cuando la verdad también puede ser un regocijo. Deseas recordar, revivir, resentir, rememorar, renombrar, retomar, releer. Todo ritual posible, que sea, pero con ellos. Pero ya no están, se han ido, es la verdad. La realidad no es inmutable, podemos entonces con ella hacer tanto como deseemos, será entonces que sabremos si será buena o no; dependiendo de la verdad que queramos en nuestra perdida.
- Pero ellos no volverán, nunca lo harán ¿De qué sirve todo esto? Ahora solo cargo un inmenso dolor, no deseo mas que dejar esto acá…
- Pero no pasara, cargaras con ello por el resto de tus días; pues esta es tu verdad, no hay escapatoria de ella. No hay manera de huir de ella, solo podemos aceptarla. Al final deberías de abrazarla…
- ¡Abrazarla! Ni que estuviera loco, abrazarla es rendirme a esto. Abrazarla seria danzar con el asesino, con la muerte que se ríe de mi llanto, con el pájaro que se ufana de su poder escondido tras el gatillo. Mis manos jamás tocaran esa verdad. Vivir es posible, pero convivir con ella ¿Tuve si quiera opción en esta verdad? ¿Pude yo decidir o a ellos si quiera se les permitió elegir? ¿Quién decide en toda esta verdad? No fuimos ninguno de los que hoy lloran ni de los que faltan ¿O si es así?
- No, no tuvieron la dicha de elegir; son victimas de la historia. Pero tú, que estas acá ahora, si puedes elegir. Y ello es lo mas importante, lo que decidirás por encima de todas estas ruinas echas recuerdo. En que decidirás convertir tus recuerdos y los sentimientos que de ellos se desprenden, lo que decidirás hacer tu verdad y con ello la realidad frente a ti. Es tan trascendental, que esa misma importancia es en otro, que es aquel cobarde que señalas con tanto afán; aquel que se oculto sonriendo tras el humo y la pólvora del arma. Pues aún, cuando no lo creas, puedes terminar siendo ese mismo ser despreciable…
- ¡Jamás!
Todo a su alrededor entonces se transformo y se vio en cientos de futuros posibles, se vio en cada uno de ellos; en todos estaba cargando con su dolor, matando por este, matándose por este, sufriendo por este, haciendo sufrir a otros por este. Justificando el llanto de su alma en pena, con la inútil respuesta del odio que se hace condena. Se había vuelto tan feroz como aquel jinete, como aquella ave rey; rapaz y mordaz. Cargando consigo un arma tan grande como la ley, cargando una corona manchada, una corbata que se desgasta, un traje parchado por gritos de desespero. Se hizo eterno en todos los posibles, por ser un monstruo. Poder y mas poder; nadie que lo pisoteara ¿Y su hogar? ¿Y su sufrimiento? ¿Y su hogar? Lo olvido todo, para hacerlos discurso, para hacerlos bala, para destruir la vida de aquellos que se negaron a ver su verdad. Haciendo de la realidad un nuevo sufrimiento para todos los demás.
- Dime, Martin el Aventurero ¿No te ves acaso ya aquí abrazando tu dolor? Mírate, mira lo que consigues. Sufrirán tus abuelos, sufrirán tus futuros hijos, tu futura esposa; sufrirán todos a tu alrededor, tarde o temprano ¿Ello será la memoria de los que amaste? ¿Su legado será tanto dolor? El odio siempre se ha de desbordar y todo ese veneno se esparcirá. Consumido tu cuerpo esta si no dejas que sane apropiadamente.
- No quiero causar dolor, yo solo quería recordar a mi mama y a mi papa ¿Es tanto pedir?
- No es lo que quieres o lo que pides, es lo que trae con ello; en especial, si luego de recordar, solo queda odio y no amor en esos recuerdos. Se aferra el alma al ¿Por qué los perdí? Y no al. Esto me recuerda tanto a ellos.
- ¿Qué debería hacer entonces?
- Amarlos aun mas que ayer, para recordarlos como ellos querrían que tú los recordaras.
Entonces el gran Martin el Aventurero, sin más remedio que el desconsuelo, se dejó llevar por el sentido de su latir que termino en llanto. Lagrimas salían de si, cada una más transparente y grande que la anterior; fue entonces que al cerrar los ojos y quedarse de rodillas en el suelo, golpeado por la verdad de la realidad. Frente a él aparecieron uno tras del otro unos zapaticos de bebe, una fotografía a blanco y negro, una carta sin abrir y un collar con un pequeño adorno hueco.
- La magia del recuerdo está precisamente en como se decide recordar, si con tristeza, desdicha y lamento o con amor, cariño y felicidad. Nadie dijo que añorar era fácil o que la nostalgia no invadiría gracias a la intrépida soledad. Pero tu mi amado hijo, siempre nos tendrás acá…

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