Todo nos ha sido arrebatado, sólo nos quedan cicatrices azules, constelaciones sangrantes, fragmentos de huesos y llanto olvidado.
Nuestro equipaje es el recuerdo tenemos todo lo que cabe en una caja de cartón: dos o tres libros, los juguetes de los niños, la ruana de mi madre, el rosario de la abuela y la ropa vieja.
El amor se quedó muy lejos, allá donde se quedó mi vida, en la pequeña casa habitada por los sueños, donde mi mujer parió a dos ángeles rodeada de fresas, una tarde de lluvia mientras yo sacaba a pastar las vacas.
Mi equipaje es el eco de un gemido después de una explosión; los débiles pasos de la mujer que amaba, detenidos sobre una trampa hecha de pólvora y metralla, y la fatalidad que destrozó sus canciones en un sendero camino a casa.
Tenemos todo lo que cabe en una caja de cartón: mi botella de aguardiente, una bolsa de café, las últimas frutas de mi parcela y la fe que ella aprendió de las monjas cuando era niña.
Aturdido por el rugido que ensordeció al río y encegueció a las estrellas, no pude escuchar sus gritos, ni sus últimas palabras, el cultivo donde murió fue un arcoiris inundado de rojos caudales.
Todo nos ha sido arrebatado, pero la risa de mis hijos en el destierro es mi esperanza. cargamos a cuestas el dolor y el hambre, mis hijos heredaron el color de su mirada, las cicatrices azules de su amor.
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