Por: Michael Alexis Galvis contreras

Se nos ha inculcado desde pequeños la creencia de que el esfuerzo y el trabajo duro son las llaves mágicas (el proceso casi divino) para alcanzar el éxito. Una de las bases de la crianza de las personas de mi generación es la de trabajar arduamente, para alcanzar los propósitos de la vida. Sin embargo, esta premisa/narrativa esconde varias falacias que a menudo oscurecen la realidad de nuestras experiencias y nuestro propio funcionamiento.
Si nos ponemos mas quisquillosos podemos afirmar que el mito del esfuerzo incesante como camino único al éxito ignora las múltiples variables que influyen en el progreso de un individuo. Factores como la posición socioeconómica, el acceso a la educación, las redes de contactos (la bendita palanca que en muchos casos es la única condición que nos separa de ser otro número más en la larga estadística de desempleados de este país) , la discriminación y las oportunidades inherentes al lugar y época en que estamos, desempeñan roles determinantes en nuestras posibilidades de éxito. No se puede subestimar el impacto de estas circunstancias, y su omisión en la narrativa del «esfuerzo y trabajo duro» es, en esencia, una falacia que perpetúa desigualdades.

En esta narrativa tan desconcertante podemos caer en la pregunta de por qué, a pesar de seguir las reglas y trabajar diligentemente, no logramos alcanzar nuestros objetivos ni progresar como lo esperábamos (que yo también hice el proceso de metas a largo, mediano y corto plazo cuando estaba en el colegio)
La respuesta radica en la complejidad de las estructuras sociales y económicas que moldean nuestras vidas. El sistema económico actual, por ejemplo, no siempre recompensa equitativamente el esfuerzo. Las diferencias de ingresos y oportunidades pueden ser abismales entre dos individuos que trabajan con igual dedicación, pero en sectores diferentes o con distintas redes de apoyo.
Además, la meritocracia, un concepto que sostiene que el éxito es resultado directo del mérito personal, es a menudo una ilusión. Las oportunidades no se distribuyen de manera equitativa y el acceso a recursos esenciales para el desarrollo personal y profesional está profundamente influenciado por factores externos como la herencia socioeconómica y el entorno cultural. A menudo, quienes nacen en contextos desfavorecidos enfrentan barreras significativas que el simple esfuerzo no puede superar.
Que si, si está claro que el sistema tiene profundas diferencias y que las distribuciones equitativas no se presentan en la mayoría de casos, pero además de estas circunstancias externas, están enraizadas características personales que agudizan estas diferencias, por lo tanto, es necesario formularse la siguiente pregunta ¿Por qué existen las personas que buscan aprovecharse de otras?
La existencia de individuos que buscan aprovecharse del trabajo y esfuerzo ajeno es un fenómeno que siempre nos ha acompañado (casi como un patrimonio inmaterial de la humanidad). Esta conducta puede explicarse por varias razones, que van desde la ambición desmedida hasta la falta de escrúpulos y la búsqueda de atajos (lo que llamamos coloquialmente el camino fácil) para alcanzar el éxito.

En muchos casos, el sistema económico actual incentiva la maximización del beneficio personal a expensas del bienestar colectivo. Esto crea un entorno en el que la explotación puede ser vista como una estrategia viable para el éxito. La presión por destacar y prosperar en un mundo críticamente competitivo puede llevar a algunos a justificar comportamientos poco éticos, creyendo que el fin justifica los medios. Hay que ser claros con este asunto, y una de las problemáticas más comunes es la falta de una regulación efectiva (tanto a las instituciones como a las personas naturales) y la corrupción dentro de las instituciones pueden perpetuar estas dinámicas de explotación. Sin un marco sólido de ética y justicia, aquellos que buscan aprovecharse de los demás encuentran menos obstáculos para llevar a cabo sus acciones.
Para reflexionar, es necesario pararse un momento y cuestionar estas narrativas, tener una visión mas realista y critica sobre como se distribuyen las oportunidades en nuestra sociedad. Entendiendo que el exito no parte meramente de un esfuerzo individual, sino que también factores estructurales y sistémicos juegan un rol determinante en este. Por lo tanto, debemos, trabajar hacia la creación de un entorno donde el mérito real sea reconocido y donde las barreras sistémicas sean desmanteladas. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad más equitativa, en la que el progreso no sea un privilegio de unos pocos, sino un derecho accesible para todos.
Bibliografía
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