PARADOJA INSOPORTABLE

Por: Maria Victoria Osorio Ardila

“Un sistema de justicia eficiente no solo castiga a los culpables,
sino que también protege a los inocentes.”
FRANZ KAFKA

Mientras que voy desarrollando las actividades domésticas, mecánicas y rutinarias, mi mente se desplaza por otros menesteres que amenazan con arrancar mi tiempo y atención a los horizontes de otras tareas que enriquecen y fortalecen mi intelecto.

A veces, parece que las Mujeres estamos condenadas de manera perpetua al ámbito exclusivo del hogar, de la limpieza, de la culinaria y obvio la crianza de los hijos. En ocasiones, se estima que el género y la condición humana femenina, nos asignó un determinado lugar y nos obliga a permanecer allí atadas.

Demostrado esta, que podemos hacer de todo a la vez. Los tentáculos de la cocina, con sus múltiples brazos pretenden consumirnos entre el jabón y las cacerolas. Superamos la batalla y seguimos con esfuerzo la jornada, para sentir al final del día que hemos cumplido, que los alimentos quedaron elaborados, que el piso brilla, que todo huele a limpio, que contribuimos con la economía del hogar, que hicimos las compras o los denominados “mandaditos”, y que estamos dispuestas para atender con la mejor actitud a nuestros hijos, esperando con un abrazo redentor a nuestro compañero que regresa agotado por la jornada laboral.

Nuestro día no termina, no tiene un punto final. Nuestra disponibilidad es continua, no tiene descanso, ni fines de semana, ni festivos. No podemos paralizar las tareas, no hacemos huelga, no descansamos a pesar de necesitarlo, no fundamos sindicatos. Las quejas existen. Si nos podemos quejar. Es válida la queja, más sin embargo, nada cambiará y amanecerá igual.

Continuamos sin parar durante horas, días, meses, años y décadas. Sentimos alegría y satisfacción por los pequeños detalles: el brillo del cristal, el aroma cítrico que deja sin mancha el recinto, la ropa acomodada, la comida deliciosa y el postre inventado para endulzará el día. Todo ello, se recompensará con un abrazo o un beso, un comentario tangible o un gracias.

Lo valioso, lo increíble se exterioriza en la capacidad de las Mujeres para trabajar, tener independencia económica, estar siempre bellas, disponibles para ver una película o compartir una salida familiar, leer, reinventar cada día, estudiar o mejorar nuestras habilidades y potencializar nuestros talentos.

Somos Mujeres, somos de otro planeta, a veces incomprendidas, señaladas, mal tratadas, abusadas y tristemente asesinadas. El feminicidio, la nueva palabra que se incorporó al lenguaje en un intento fallido por reivindicar un derecho que yace abatido desde hace tiempo.

Mujeres fundamentales para construir y sostener la sociedad. Nos necesitan, pero a la vez, nos niegan las garantías y la protección que merecemos. Entre esta incongruencia, no podemos seguir viviendo con miedo. No es posible restringir el desarrollo normal por la latente exposición a los riesgos que no solo están en el exterior, sino, que se han trasladado al entorno más cercano.

La falta de confianza, la ausencia de comprensión y la intolerancia, se instalaron. El veneno se apoderó del alma dejando a su paso huérfanos que deberán enfrentar el mundo solos. Víctimas del desamor y la impaciencia. Solitarios que reclaman justicia ante las autoridades sordas y ciegas, esas autoridades estatales que llegaron a la escena del crimen, porque las medidas preventivas o de protección se enredaron entre la burocracia cómplice de aquel desenlace fatal.

En Colombia, se registran feminicidios frecuentes y cotidianos. Todo parece indicar que se abrirá una sección especial para esta clase de titulares. Los medios, replican los detalles desastrosos que acabaron con una mujer, los mismos detalles que a la vez, destrozaron una familia y un hogar. Los pormenores escabrosos que ahuyentaron el amor y sembraron la soledad eterna.

La ausencia definitiva de la Mujer, es irreparable. Estamos tan acostumbrados a su presencia, que perdemos de vista el ser humano que significa, el ser que representa. Olvidamos sus sentimientos, sus necesidades y sus miedos. Aquellas mujeres que se someten o que no pueden huir de su verdugo, están además desprotegidas por el Estado y desabrigadas por la sociedad.

A menudo se registran muertes o ataques. Ni las cifras causan asombro. La mueca de rechazo, el ojo humedecido, la camiseta blanca, la marcha por la calle, el grito, la flor, son actos simbólicos insuficientes. Sin repercusión.

Se requieren reformas estructurales en todos los contextos, apremian políticas públicas y sociales contundentes, para proteger a la Mujer trabajadora, a la mujer mayor, a la mujer que es niña o joven, a la mujer estudiante, a la mujer que es soltera, a la mujer casada o con pareja, a la mujer que sufre por enfermedad. En fin, para protegerlas a todas.

Merecemos y necesitamos vivir con seguridad, sin miedo, rodeadas de amor. Requerimos garantías básicas para existir, para seguir aportando a la sociedad desde el mínimo o el máximo esfuerzo y labor.

Necesitamos ser visibles, valoradas y tenidas en cuenta por una comunidad que no puede vivir sin nosotras. Si nos desaparecen violentamente, ¿quién lavara la ropa?, ¿quién brillara el piso?, ¿quién cocinará todos los días?, ¿quién preparara el delicioso postre?, ¿quién asistirá al evento del colegio?, ¿quién se levantará en la madrugada para preparar el desayuno?, ¿quién gestionará las citas médicas?, ¿quién recogerá el desorden?, ¿quién encontrará el objeto perdido… quién suplirá el abrazo?, ¿quién regañara con exactitud?, ¿quién correrá ante el llamado de su hijo al amanecer… quién? …Ese vacío insuperable e irremplazable quien lo llenará?

Debemos exigir nuestros derechos, necesitamos representar a cada mujer. Algunas mujeres, de manera anticipada han dejado el mundo por la decisión absurda e injusta de un ser violento que desvaneció su sonrisa del universo, pero no pudo destruir su esencia.

Precisamos, exigir protección y respeto por todas las mujeres que hoy alumbran el firmamento. Por esos seres humanos imperfectos, que ambicionaban la felicidad no obstante vivir en una sociedad indiferente e indolente que les abandonó. Por las mujeres que tanto necesita la sociedad, infravaloradas e invisibles. Por aquellas a quienes se les dio la espalda y simplemente se les dejo a su suerte, erigiéndose una paradoja insoportable, dolorosa que arrastra inerte el luto.

Homenaje a: Sandra, Valentina, Rosa Elvira, Yullieth, Viviana, Yamile, Diana, Erika, Maite, Ana María, Yudy Paola, Milena, Yesica, María Camila, Leidy Carolina, Luz Mery, Michel Dayana, Gloria, Mary, Katy, Lidia, Alba, Edith, Anyela…. Y muchas más.


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