Por: Miriam Ureña

A menudo escuchamos que los padres deben dejar una herencia material a sus hijos como una forma de asegurarles un futuro próspero. Sin embargo, esta idea merece una reflexión crítica y realista. Dejar una herencia material puede no ser la mejor manera de garantizar el bienestar y el éxito de nuestros hijos. En cambio, debemos considerar que ellos deben ser los procreadores de su propio futuro, y que los padres tienen derecho a disfrutar de su vida sin aferrarse a lo material.
Cuando los padres se aferran a la idea de dejar una casa o bienes materiales como herencia, a menudo sacrifican su propia calidad de vida. Muchos viven en escasez, preservando una casa o un terreno que creen imprescindible para el futuro de sus hijos. Sin embargo, al hacer esto, no solo limitan su propia felicidad y disfrute, sino que también envían un mensaje equivocado a sus hijos sobre lo que realmente importa en la vida.
Los hijos, tarde o temprano, se van y tienen que hacer su propia vida. Si no han aprendido el valor del esfuerzo, del sacrificio y del dinero, la herencia material que reciban no será realmente apreciada. La comodidad de recibir todo hecho puede fomentar la falta de iniciativa y dependencia, impidiéndoles desarrollar habilidades esenciales para la vida. Por ello, es fundamental que aprendan a valorar las cosas y entiendan el esfuerzo que implica obtenerlas.
En lugar de herencia material, los padres deberían enfocarse en dejarles un legado mucho más valioso: educación, amor propio, seguridad en sí mismos, principios y valores. Estas son las verdaderas herencias que perdurarán y los prepararán para enfrentar la vida con resiliencia y determinación. La educación financiera, por ejemplo, es crucial para que comprendan cómo manejar el dinero de manera inteligente y responsable.
Dejarles amor propio y seguridad en sí mismos les permitirá enfrentarse al mundo con confianza y sin miedo al fracaso. Los principios y valores les guiarán en la toma de decisiones correctas, basadas en la ética y el respeto hacia los demás y hacia sí mismos. Este tipo de herencia no solo es inmaterial, sino que también es inestimable y eterna.
Además, los padres deberían aprovechar la oportunidad de vivir plenamente y conocer el mundo. En lugar de ahorrar para dejar una casa o un terreno, deberían considerar viajar y explorar lugares que nunca conocieron debido a las responsabilidades de criar a sus hijos. Viajar no solo enriquece la vida de los padres, sino que también sirve como un ejemplo para los hijos sobre la importancia de disfrutar la vida y buscar nuevas experiencias. Estas aventuras y recuerdos no solo proporcionan felicidad a los padres, sino que también pueden inspirar a los hijos a valorar las experiencias sobre las posesiones materiales.
Los padres no deberían sentirse obligados a dejar herencias materiales a sus hijos. En su lugar, deben disfrutar su vida, viajar, conocer el mundo y enseñar a sus hijos a ser autosuficientes, valorando el esfuerzo y la dedicación que requiere construir un futuro. El verdadero legado es aquel que no se puede medir en términos monetarios, sino en la calidad y profundidad de los valores y conocimientos que dejamos en nuestros hijos. Este es el legado que realmente hará una diferencia en sus vidas y los preparará para ser individuos fuertes, independientes y exitosos.

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