Nunca la tierra se muestra tan generosa y democrática como en la plaza de mercado.
El revuelo que inicia desde antes de despertar el sol no pierde ni un instante la jovialidad ni la ternura cuando de ofrecer los frutos de la tierra se trata. Manos llenas de tierra pero con un amor y veneración únicos te muestran coloridos fragmentos de parcela aún cuando la jornada, pareciese ser infinita y la maremágnum de rostros y voces que vienen y van casi sin tregua amenace con tornarse abrumadora. Desde esa ventana laberíntica de pasillos infinitos el mundo explota en una multitud de colores, olores y sabores algunos tan cotidianos y nuestros otros que han viajado desde otras latitudes esperando ocupar un lugar en la mesa.
Casi como un mosaico en donde lo ancestral y lo nuevo, lo fino y lo rústico, el orden y el caos se mezclan en un enorme lienzo en movimiento que es todo un deleite para los sentidos: las especias susurrando historias desde tierras lejanas, la roja y amplia sonrisa refrescante de las sandías, la luz cítrica que habita en el vientre embarazado de las naranjas, la blancura melancólica y picante de las cebollas, los cocos con su mar interior que nutre su dulce carne ajena a su dureza externa, la historia precolombina resumida en cada grano de maíz; aquí yacen el pescado, la gallina, la vaca y el cerdo como testimonio claro de la inevitable y necesaria cadena alimenticia, los huevos (frágiles y perfectas cúpulas) y su fertilidad suspendida, las leguminosas ofreciendo su abundancia desde los costales, las hierbas perfumando el aire con su sabiduría ancestral, la alegre dulzura de las frutas, el colorido prístino de las verduras, la rubicundez vital de los tomates y pimentones, la suculencia amarilla y verde de los aguacates, las flores mostrando al mundo su ingenua belleza caleidoscópica, el milagro de la fotosíntesis haciéndose patente en las materas, la geometría entretejida en cada fibra de los canastos, el amor transmutado en comida que nos sienta a todos en la misma mesa…
Y no me canso aún llevando a rastras mi preciosa carga nutricia en mi bolsa de transitar por cada rincón de ésta ventana al mundo en donde la tierra nos alecciona sobre cómo ser democráticos y generosos a manos llenas.
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