QUE DIOS LOS PERDONE

Por: Nerio Luis Mejía

Foto del Padre Ramon Arturo Montejo Peinado (Q.E.P.D)

La ola de asesinatos que sacude al departamento de Norte de Santander, parece no respetar, ni a quienes, a través de la fe, ofrecen sus mas grandes esfuerzos en la búsqueda de la reconciliación, que nos permita alcanzar la paz, en los territorios agobiados por la violencia, que castiga sin misericordia a los habitantes en esta parte del país.

La trágica muerte, del sacerdote Ramon Arturo Montejo Peinado, ocurrida al mediodía del martes 06 de junio del año 2024, a manos de criminales que a cuchillo limpio, se soslayaron en contra de la humanidad del religioso, en un aparente robo del vehículo, y que aun inconformes por las lesiones ocasionadas, lo arroyaron con su propio carro, ocasionándole la muerte de forma instantánea.

Que Dios los perdone, ya que en nuestros corazones solo queda espacio para pedir que se haga justicia, sobre aquellos desalmados que no solo asesinaron al padre Ramon Arturo Montejo, si no que hirieron de muerte, a una comunidad religiosa, a los liderazgos que confiaban en los buenos oficios del padre, en la búsqueda incansable de la paz, hoy todos nos sentimos en orfandad.

Una plegaria por quienes aun quedamos en la tierra, compartiendo espacios con quienes hacen maldad y que, en una clara muestra de misantropía, arrasan con toda forma de vida, sin importar las consecuencias de sus actos, lo que nos lleva a preguntarnos, ¿porque hemos llegado tan lejos?

 Desde el norte de Colombia, donde se ha vuelto costumbre, encontrar cuerpos desmembrados dentro de costales, pasando por el sur del país, donde los enfrentamientos entre los mismos actores ilegales, dejan a su paso, el apilamiento de cadáveres, como la mejor forma de documentar en la historia, el paso de una tragedia.

Imágenes de cuerpos apilados, producto de los enfrentamientos entre fracciones de las disidencias de las Farc, en el sur de Colombia.

Hoy no solo debe ocupar la atención de los colombianos, la constituyente que plantea y a la vez desmiente el presidente. Existe la necesidad urgente de reformular el sistema judicial colombiano. El conjunto de reformas propuestas por el ejecutivo, debería empezar por la rama judicial, y que el congreso de la república legisle con seriedad, mas no con intenciones y cálculos politiqueros, sobre las nuevas penas que deberían enfrentar, todo aquel criminal, como los que le quitaron la vida, al padre Ramon Arturo Montejo peinado. Que no vayan a resultar mas tarde estos criminales, confesando su membrecía  a un grupo ilegal, y así gozar de amnistías e indultos de los que gozan los perpetradores de los peores crímenes en contra de la humanidad, cobijándose bajo un manto de impunidad, con la complacencia de una justicia permisiva y deshonrosa, que la ubica en el mismo lugar con quienes asesinan la fe y las esperanza, de una nación que se resiste a las pérdidas de sus líderes espirituales y sociales, por lo que insisto  en mis plegaria, “Que Dios los Perdone”, porque de los hombres, solo esperarán el reclamo de justicia.

Se silenciaron las campanas de la fe y de la paz en la tierra, en cambio sonaron todos los instrumentos en los cielos para darle la bienvenida al hijo insigne de este mundo, el padre Ramon Arturo Montejo Peinado, que en medio de una gran corte celestial, fue recibido y presentado ante Dios, donde a su lado estará. Y desde allá nos ayudará con su bendición para alcanzar la paz, esa por la que el trabajo con dedicación y hoy vemos que se marchita en medio de la impotencia, que causó su pronta partida.

Estamos transitando, por una senda desconocida, donde damos pasos apresurados sin retorno, a la hora de normalizar la criminalidad. Los muertos a causa de la violencia en Colombia, no parecen importar mas que para llenar un registro estadístico, ya que no existe una política criminal efectiva, que pare el baño de sangre, que se ha vuelto costumbre, en los campos y ciudades de nuestro país, por lo que es responsabilidad de quienes nos gobiernan, para ellos también suplico, que mi Dios los Perdone, ya que de los hombres recibirán el reclamo, por su omisión frente a la violencia.  


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