CÍRCULO NIETZSCHNIANO Y HERMENÉUTICA KAFKIANA.

Por: Emabar el Sofista

El círculo de la cosmovisión nietzscheana nos dirige al horizonte del significado objetivo de la libertad del poder y la voluntad, puesto que la sociedad representa una guerra sin fin. Aún más allá de los mil días, es una lucha para prevalecer como verdaderos hombres, una lucha por su libre albedrío, ya que las falacias que concibe en su esquema imaginativo son como una espada clavada en el corazón. Es un épico derramamiento de sangre, un hostil acontecimiento de exclusión de aspiraciones y devociones. La sociedad es como un dragón de siete cabezas que amenaza con cada una de ellas el valor moral y la libertad. Por tanto, la lucha entre lo que quiero y lo que debo es aún más indeterminada que la infinitud de los números y, a su vez, igual de incierta como la existencia de civilizaciones extraterrestres.

Pero, ¿qué relación tiene la filosofía nietzscheana con el emblemático Kafka? Resulta que este honorable ente fue un fiel seguidor de Nietzsche, que trascendió del vitalismo al intersubjetivismo. Básicamente, es una imprescindible hermenéutica de legado de vida y obra.

¿Qué entendemos por hermenéutica? Según la mitología griega, proviene del mensajero de los dioses, llamado «Hermes», quien proclamaba el mensaje por medio de las esferas de lo divino y lo humano. Los mensajes de los dioses los traducía al lenguaje regional de los seres vivientes para obtener mayor comprensión de lo que los dioses predicaban al mundo. Por tanto, se puede ubicar el círculo nietzscheano entre las cortes divinas y el pensamiento kafkiano como la persuasión por medio de la literatura para socavar los enigmas de la existencia humana y, a su vez, ser influencia en el desarrollo social y crear una apacible cultura para vivir en sociedad y no vivir bajo la naturaleza, sino más bien según por naturaleza.

El círculo kafkiano es esa traducción emanada por la esfera celestial de Nietzsche, adaptada al núcleo común para comprender que somos orugas temporalmente, pero que al reflejar nuestro yo en el reflejo de las aguas, en los maravillosos espejos y en la aurora del firmamento, vemos la grandeza de nuestro ser y lo lejos que podemos volar por encima de los estándares cotidianos, tan libre como un pájaro y tan visionario como un águila.

¿Existe alguna semejanza entre la metamorfosis y la hominización? ¡Son tan cercanas que nos quedamos sin aliento y sin sentido! Durante nuestro proceso evolutivo, escudriñamos con las herramientas de la razón para así discernir últimamente la existencia humana, el ser y el tiempo. Medianamente somos orugas que, con el pasar del tiempo, la esencia de nuestro ser se refleja en la belleza del firmamento y, con el tiempo, esa belleza es tangible en el mundo natural. Es simplemente proceso evolutivo, proceso de transformación y proceso óptimo de avance.

Kafka es una gran figura que desata una gran hermenéutica como legado de la filosofía nietzscheana, que en resumidas palabras es más que leer la vida con sentido y manejarla con sentido. No es lo mismo vivir que saber cómo vivir; es como el que se une al reino animal porque, según lo racional, está en tercer plano y solo basta el instinto. Como bien lo sostuvo Kafka: «Destrúyete para conocerte». Es vital derribar nuestras murallas de limitaciones y empezar a ampliar una profunda hermenéutica con nuestro mundo interior. Si hay un legado que Kafka le deja a la humanidad después de un centenar de vida y obra, es que más que entender su hermenéutica con Nietzsche y su inmemorable literatura, es el discernimiento del rumbo que enmarca toda la naturaleza, toda la humanidad y todo nuestro ser.


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