Te recuerdo en la brisa, en aquella madrugada. Las palabras iban y venían en mi mente mientras te sentía enamorada. Noches enteras te mencionaba en mis oraciones, pero nada cambiaba. Contigo, pinté el mundo de colores vibrantes, pero al final, esa luz se desvaneció lentamente.
Me sentía vacío en esas noches, dependiente de tus expresiones. Tus respuestas, gélidas como el hielo, aturdían mi corazón y mi mente. Promesas incumplidas, planes que nunca se materializaron, y sentimientos no correspondidos. ¿Fue acaso una dicha lo que creí sentir?
Te percibías poderosa al tenerme rendido a tus pies. ¿Dónde quedó todo ese “amor”? ¿O acaso fue solo una ilusión fugaz? Hubiera deseado conocerte en otro momento, quizás así habría evitado herir tus sentimientos.
Te otorgué un poder inmenso, sin que lo imaginaras. Lo usaste para construir una ilusión que, poco a poco, se desvaneció. Temí perderte en más de una ocasión, pero fue tu voluntad olvidarme, y lo lograste en cuestión de días.
Solo me queda decirte que algún día te veré feliz. La culpa no fue tuya, sino mía. No puedo odiarte ni en otras vidas. Estoy seguro de que cumplirás tus expectativas y que nunca te das por vencida.
Deja un comentario