Por: Ramón Ruiz Contreras


Dice Umberto Eco, en su ensayo “Sobre la prensa” que: “Es la televisión la que fija, como se suele decir, la agenda de la prensa” Y nos deja a la imaginación concluir que la maquinación empieza en ella o en ellas, si se entiende el uso de las pantallas como una extensión de ésta. Ha sido la televisión el medio más directo, el que menos crítica exige de la gente, y el que más credibilidad ha logrado tener por combinar una serie de factores en los que los espectadores quedan atrapados: imagen, texto oral, soportes visuales, combinación Intencional que los medios eligen para hacer que la información se digiera más rápido y llegue a la multitud. Luego llegará la prensa escrita o la radio, luego vendrá el Facebook, Twitter o Instagram pero ya el daño está hecho: ya se ha logrado configurar en la mente de la gente, crédula de por sí, el hecho informativo, no con todas sus aristas. En el ideario de la gente y como lo afirma el filósofo Gustavo Bueno: “La tv es cultura y hay que verla porque lo que no sale en la televisión no existe”.
Así, de una manera inconsciente, la televisión moldea y refleja el mundo, ese que la gente está dispuesta a creer ya que “lo está viendo y viviendo”. Frente a una pantalla, el espectador no sabe que no sabe que le pueden decir verdades o mentiras, como afirma Chomsky y continúa: “El 80% de los consumidores de medios no cuestionan lo que se les ofrece desde las plataformas noticiosas y de opinión”. Las pantallas se convierten en el primer espacio de difusión de imprecisiones y verdades a medias; el espectador debe entonces saber que debe buscar otras fuentes para contrastar y descubrir la verdad, da por sentado lo que ve y oye, ya elaborado. Pero, está el consumidor de información dispuesto a este ejercicio? Se queda con la inmediatez de las pantallas o avanza un poco más en el esclarecimiento de los hechos y la propuesta informativa? La mayoría de la población tiene problema para sentarse a leer y digerir un texto y menos si este pone en entre dicho las convicciones que la “prensa” ha logrado sembrar en su mente.
Habiendo caído en desuso, la televisión ha dado paso a otro tipo de pantallas: los ordenadores y estos a una inmensa variedad, son los canales que ofrecen las plataformas digitales, más cercanas a la gente, más personales y adecuadas, las que alimentan hoy el proceso de la información. Tiktok, Faceboook, Instagram, Youtube, etc… cumplen la misma función inmediata: imagen, voz, contenido, apoyos visuales con un mayor alcance masivo. Quienes mueven los hilos del poder mediático saben que, como dice Eco : “La prensa se repliega a un lenguaje al alcance de esa entidad magmática que hoy se llama “la gente”, pero considera que la gente habla sólo con frases hechas” Es decir, con las frases que ya estas pantallas han plantado en su léxico cotidiano, cual regimiento militar que le grita a su grupo de soldados lo que deben decir mientras trotan o desfilan.
Es necesario ser conscientes y críticos de como los medios tejen una red de informaciones fraudulentas, amañadas o tendenciosas con apariencia de objetividad para la satisfacción del público y no para la información honesta y veraz. Uno se pregunta, a estas alturas de la vida y con la trayectoria que la prensa lleva a lo largo de los años, si están dispuestos a reformarse y autocriticarse. La respuesta es no. La prensa está tan viciada como la política; si no es, en cierto modo, lo mismo. Entonces, Es realmente un problema lo que las pantallas nos presentan día a día? Afecta la vida nacional de manera severa lo que las pantallas nos presentan? Es un asunto de interés nacional? Es perentorio saberlo? Es impactante y relevante sólo porque las pantallas lo anuncian? Liberémonos de las pantallas para dejar de “navegar” en internet y empezar a “bucear” en el océano inmenso de todos los agentes informativos para lograr extraer la información menos dañina para nuestra sociedad.
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