¡LA MEDIA NARANJA!

Por: Jonathan Niño (Muelaz MC)

Queridos lectores,

Hoy quiero reflexionar sobre un concepto muy arraigado en nuestra cultura: la idealización de la «media naranja«. La historia se remonta a la mitología griega, específicamente a la obra «El Banquete» de Platón. Según esta narrativa, los seres humanos fueron originalmente criaturas con cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras. Zeus, temiendo su poder, los dividió en dos mitades, condenándolos a buscar su otra mitad para sentirse completos. (Cuentos raros de la mitología griega, diría yo).

Esta noción de que existe una mitad perdida que nos completa y nos hace sentir felices es muy seductora, pero también puede ser peligrosa. En lugar de buscar relaciones saludables y equilibradas, podemos caer en la trampa de idealizar a nuestra pareja, proyectando en ella todas nuestras expectativas. Esto puede llevar a una relación dependiente y poco saludable, o simplemente pasarnos la vida comiendo mandarinas mientras esperamos la media naranja y no concretar una relación.

Es ampliamente conocido que cada persona es un individuo completo y único, con sus propias fortalezas y debilidades. En lugar de buscar a nuestra media naranja, debemos buscar a alguien que complemente nuestras fortalezas y nos ayude a superar nuestras debilidades, sin depender de ellos para sentirnos completos.

De niño soñaba con un futuro donde tuviera una relación basada en el apoyo mutuo, el respeto y la responsabilidad compartida. Viviendo la experiencia del amor y las malas experiencias con relaciones tóxicas, aprendí que la educación emocional es tan importante como cualquier otro aspecto de la vida.

Hoy, después de casi 11 años de relación con mi pareja, incluyendo 7 años de matrimonio, hemos aprendido que no se trata de una relación perfecta o predestinada a estar juntos, ni de aguantar solo por mantener una imagen ante la sociedad o los hijos. Por el contrario, la idea es crear un equipo imparable, una amistad infinita y una complicidad inquebrantable; disfrutando juntos de los buenos y malos momentos. Finalmente, estamos aquí para disfrutar la vida, y cada decisión y acción que tomamos en nuestras relaciones tiene el potencial de crear un impacto duradero.

Al centrarnos en la educación emocional, la construcción de relaciones equilibradas, hogares estables y mejores entornos, podemos asegurar un futuro mejor para nuestros hijos y sobrinos. Quizá seas el punto de quiebre o el punto de partida para un cambio, y tal vez, solo tal vez, disminuyan los índices de hogares disfuncionales en nuestras familias.

Las relaciones perfectas no existen, pero sí los hogares felices, aquellos que se comunican y aprenden a ser felices pese a las circunstancias diarias. Esta columna conmemora esos hogares que han decidido creer que la familia es lo primero y merece nuestro mejor esfuerzo todos los días.

Hoy los invito a reflexionar sobre las pequeñas y grandes acciones que podemos tomar para construir un futuro emocionalmente saludable y sostenible para nosotros mismos. Creo que el legado más valioso que podemos dejar es un mundo lleno de relaciones equilibradas, respeto y amor propio para las generaciones venideras.

¿Qué opinas?

Con cariño, Jonathan Niño.


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