Cuento Corto: El Viento me Llama

Capítulo III: La Tempestad

Autor: S.C. Ruiz

– ¿Qué hace en el agua sumercé? Cuidado que estas aguas son engañosas, son mas ondas de lo que aparentan. Deje que le ayude, no vaya a terminar esto en tragedia.

Empapado hasta los zapatos, una mano fuerte que le toma sacándole de lo profundo del agua helada. Con los oídos tapados, con las manos tiritando y los labios morados; no podía pronunciar palabra alguna, sus ojos mostraban asombro, temor y felicidad.

No se preocupe, no diga nada. Móntese acá en la carreta, que estamos cerca a la hacienda mía; ahí le cambiamos esos chiros todos mojados. Tranquilo, tómelo con calma sumercé.

Se lo llevo en la carreta que tiraba una mula grande y fuerte, muy melenuda ella; estaba bajando de la parcela mas alejada de la hacienda donde tenían el cultivo de papa, piña y fresa. Tenia todo bien organizado, por costales y por tinajas ondas de madera. No dejaba de hablar de su esposa, de que esta estaba en cinta. El pequeño Martin el Aventurero, desconcertado le miraba y le miraba, le escuchaba y le escuchaba; en cada frase, en cada palabra, en cada gesto, en cada mirada, en cada expresión y en cada movimiento. Era él, Martin lo sabía, pero no podía creerlo. Se dedico a contemplarlo entonces, a sentir cada uno de esos modos que lo hacían él; intentando no solo recordarlo, sino intentando saber más. Algo en su interior le calmaba, sentía paz por primera vez en años y fue ahí que la tempestad empezó.

Sin haber podido llegar hasta la hacienda, les toco tirar de mano el carro, ayudando a la mula, la lluvia era torrencial; mas cuando es temprano por la mañana. Tiritando llegaron los dos al final, empapados y cansados, los dos convertidos en un manojo de huesos que resuenan entre ellos. Los recibió una mujer de sonrisa bella como la de su mamá, con ojos verdes tan grandes como una esmeralda igual a los de su mamá, con el cabello trenzado como el de su mamá, con larga falda tejida a mano con bordados como las de su mamá y unas alpargatas como las de su mamá. Entonces ahí, detrás de ella; entre las cenizas que se alza viva y única. Nunca se fue y siempre estuvo ahí, indeleble como la tinta en el papel; sin el daño de las llamas de una hoguera que no es en la chimenea sino en la mano del mentiroso.

Su hogar, estaba ahí; siempre estuvo ahí. Pudo recordarlo, como si estuviera vivo. Vio lo que no podía ver, sintió lo que no podía sentir; cientos de imágenes que le recorrieron el cuerpo, desde la punta de sus dedos hasta el paladar. El sonar de la radio, el sonido de las bisagras cuando llegaban de trabajar, las botas mojadas en la esquina, el olor del chocolate caliente con el queso derretido, el pan recién salido del horno, el color de las orquídeas con su perfume. Todo fue llegando a él, de a uno en uno, desde el mas sencillo de los recuerdos, hasta el mas lejano; como si la televisión estuviera prendida y fuera en sus ojos cerrados que no ven oscuro por primera vez.

Le invitaron a entrar entonces, ella embarazada sonreía como nunca, mientras que él ponía el fuego en el horno para preparar las truchas que había sacado del agua hace nada. Le invitaron el tinto bien caliente, le dieron ropa seca y una buena ruana; entonces fue que le miraron con cariño…

– ¿Qué hace un chino tan pequeño por estos lados? Sumercé nunca lo habíamos visto por acá, esta muy chiquito para andar solo por estos lados. Puede ser peligroso.

– Es verdad lo que dice Rodrigo. La montaña, por mas hermosa que se muestra, puede ser engañosa y más por quienes en ella andan. Últimamente la situación se ha escalado mucho.

– ¿Sus papas donde están sumercé? ¿Por qué resulto metido en el agua del riachuelo? Para mi que este muchachito se dio en la cabeza ¿Qué hacemos Rosa?

Muchas preguntas de un momento a otro, por todos lados empezaron a mostrar sus dotes de padres preocupados y protectores. El joven no les respondía nada, tan solo los miraba y de su rostro lagrimas de nostalgia con la transparencia de la esperanza le recorrieron. Como el agua de la lluvia luego de un incendio, como el agua al sediento. Solo los miraba y ellos pensaban que estaba perdiendo la cabeza, que al caer en el agua se había dado contra una piedra y esta olvidadizo. Pero no importo, los días pasaron, como una nueva normalidad; se quedaron con el niño mientras alguien contestaba a su necesidad de que le encontraran, llevando carteles hasta la alcaldía y a la policía. Pero lo que no sabían es que estaba donde quería estar, donde debía estar.

Hasta aquel día, en donde subieron de nuevo la montaña llegando al paramo, desde aquella vez que aquel hombre lo hizo ver el espejo, no había vuelto a ese lugar tan extraño. Donde estaban las mismas piedras, el mismo camino, las mismas talladuras; pero no había nada de aquella casucha vieja, si quiera sus escombros. Fue ahí que de pronto una enorme sombra apareció recorriendo todo de lado a lado, haciéndose neblina en el espejo de la rapidez con la que iba. Subieron en búsqueda del viejo Juan, que subía normalmente a buscar una flor muy especial para hacer remedios para las embarazadas antes de dar a luz, un te de lo más sencillo que necesita meramente de los pétalos. Pero no estaba el viejo Juan por ningún lado, pero si esa sombra, que entre mas daba y daba de un lado al otro, más viento hacía, cada vez más fuerte, cada vez más helado.

Entonces la neblina bajo, como aquella vez. Empezó a llover, truenos retumbaron y los rayos iluminaron el cielo que se apagaba, los frailejones se quejaban, las aguas que se volvieron inquietas lloraban, la sombra tenue que desaparecía entre las nubes grises que ocultaron el sol. Martin el Aventurero grita que grita, buscando a Rodrigo sin darle resultado. Angustiado corre por todo lado sin ver nada claramente, pero escucha gritos una y otra vez, lejos y cerca, cada vez son mas fuertes; gritos que salen del vientre, clamando ayuda. La lluvia que le hace cerrar los ojos de lo potente que es, naciendo la noche sin más, como si el die se hubiera terminado en ese instante sin explicación. Termino entonces de rodillas y fue ahí donde la noche se poso en su rostro sin mayor expresión que con la luz de la luna que apareció como aquella ave que es rey de los páramos frente a él.

– El recuerdo no es recuerdo si no es real, nada que sea real puede ser solo alegría; pues el dolor también es vida. Se debe ver, se debe aprender, se debe tomar como es. Mira con total verdad lo que es, lo que soy. Ahí están los que todo arrebatan y nada dan. Míralos destruir, míralos odiar, míralos acabar con todo. Como las maderas crujen y los vidrios se rompen, como los niños se olvidarán de sus padres, como los padres jamás se olvidarán de sus hijos, como las familias dejan de serlo, como la vida se torna en venganza y se hace tormento…


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