“Sus estudiados vuelos, sin embargo, hipnotizan a mancos y cojos que creen ver en ellas la explicación de este mundo y el otro”. Nicanor Parra
De andar inocente y torpe y a veces deforme, vais caminando por el asfalto tan gris como vuestra alada presencia. Vuestros días transcurren entre el odio malsano de algunos y la compasiva ternura de otros, pero pocos saben y entienden de vuestra sabiduría callejera que os hace tan cosmopolitas y os vuelve parte obligatoria del paisaje natural y artificial. Admiro vuestro vuelo, la forma en que os adueñáis del aire, poniéndole vuestro claroscuro signo móvil al azul del cielo. Resulta casi hipnótica la forma en la que con cada batir de alas escribís vuestro humilde y poderoso manifiesto de libertad al mundo y más aún, cuando cual funambulistas dibujáis vuestra existencia multiplicada las veces que sea necesaria, y vais escribiendo en los cables del teléfono (cual pentagramas ad hoc) una anónima sinfonía poblada de arrullos.
Siempre presentes, siempre adornando todo con la belleza de vuestro vuelo (que a nadie deja indiferente, nos guste o no), no puedo imaginar el mundo sin vuestra omnipresencia. No puedo imaginar el mundo sin la lección que gratuitamente nos enseñáis a cielo abierto: no hay mayor lujo que ser y saberse libre.
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