En mi misma sin querer, creí entenderme más que nadie y no era lo que hasta un ciego ni podría ver.
¿Por qué tuve falsas esperanzas en mi atribulada alma? ¿De qué nube me abre bajado y en qué momento? Al principio, suele doler como una patada en la canilla, o un golpe en el dedo pequeño del pie. Duele, enfurece y libera la presión de un amor no correspondido o de la ironía de la vida.
Te saca de juicio no entender por qué no puedes entender. Frustra y te hace exagerar la reacción que no hace más que agrandar.
Me siento y miro, a la nada donde debería estar, porque me estanco sin querer y creo saber que solo soy esa nada, vacía y silenciosa, que solo quien la ocupa es quien la entiende, pero tampoco entiende nada porque te llena y calma tu soledad por momentos, cuando tampoco entiende su soledad.
Que dejar de creer no tiene coherencia, por qué crees en ti aunque no tienes ni piernas y muchos menos alas, ¿A dónde piezas correr, inválido? No ves que la enviada te ha dejado sin extremidades con que se perseguir a la gente.
¿A dónde quieres volar, gusano? De tu caparazón nunca saliste y solo soñaste con la mariposa que nunca te volviste. Por qué así, tampoco más ánimo te diste.
Mírame tú, extraño, quizás si me persigue la muerte hasta con ánimo alegre yo le espere.
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