Por: El Parresiatés


Cada día somos azotados por infinidad de noticias amañadas en contra del gobierno que no contó con la bendición del Innombrable, el cual, como todos sus “buenos muchachos”, recientemente fue llamado a juicio — Imputado y Emputado — por la menos delicada de sus fechorías. ¡Una travesura!
Dichas noticias, muchas de ellas prefabricadas, tendenciosas y pérfidas, provienen de los medios cuyos dueños conforman la Plutocracia de esta República Bananera. Los cuales nunca han pagado los impuestos que legal y realmente les corresponde y durante más de veinte años encontraron otra fuente de enriquecimiento ilícito a costillas de la clase trabajadora; cuando por obra y gracia del advenedizo Anticristo de la política nacional, con complicidad de la cúpula Autocrática del sindicalismo colombiano; se les dejaron de pagar las horas extras e indemnizaciones como correspondía. Eso sin mencionar el aumento de los tiempos y edad para la pensión.
La asiduidad de tales noticias, deliberadamente perversas, tienen como fin minar al gobierno del que les ganó en franca lid y con contundencia, las elecciones presidenciales. Aunque con ayuda de siniestros personajes, otrora lacayos de “El Presidente Eterno”; las fake news encuentran multiplicación y resonancia en redes sociales y en los mismos recintos del Congreso de la República. Escenario en el que además de injuriar y difamar como perritos rabiosos, sabotean las propuestas legislativas que requiere el cambio. Esta oposición recalcitrante y abyecta, no la despliegan por convicción ni por principios. Lo hacen como fámulos y obedecen a los intereses particulares de sus patrocinadores. Ajenos a su cacareado y hueco “bienestar común”.
Para todos estos “opositores”, representantes inveterados de la clase política tradicional, Colombia antes era un paraíso de ríos de leche y miel, arco iris de colores y nubes de algodón de azúcar. Los muertos no contaban, la corrupción, el clientelismo y nepotismo no existían. De un día para otro con la entrada de un deleznable plebeyo, un “intruso”, al Palacio de Nariño, el mejor país del mundo pasó a ser el peor país del mundo. Haití hoy es un paraíso respecto a Colombia cuando antes éramos mejor que hasta Liechtenstein que registra una tasa de homicidios de cero.
Así es, antes del “Guerrillero Petro” en esta comarca de bala no moría nadie. Esto es lo que se proyecta en el enajenado imaginario colectivo de quienes carecen de la capacidad de discernimiento y no por un defecto o carencia intelectual sino moral. Y eso es lo que han logrado hacer creer a un gran número de personas que conformamos los estratos cero, uno, dos, tres y más, los que solo tenemos tierra pero en las uñas, que defienden a ultranza posiciones políticas contradictorias a sus realidades y necesidades de clase. Se creen capitalistas, se creen dueños de los medios de producción. Cuando todos los meses llegan
agonizando a fin de mes para pagar las cuotas del carro, su hipoteca y demás necesidades básicas. ¡Otros ni eso!
Se ponen de lado de los que los expolian cada mes, les hacen pagar su vivienda y vehículo hasta por cinco veces su valor. Los “pobres hombrecitos” que denominaba la piltrafa humana presidenciable, que hizo revolcar en su tumba a Immanuel Kant cuando se perrateó su “imperativo categórico”.
Se entiende la ira y resentimiento de quienes con esta Presidencia perdieron espacios de influencia y poder. Lo que no se entiende, lo que desafía el sentido común es ver a personas como una señora de la tercera edad, — por citar un ejemplo que condensa esta irónica y tragicómica paradoja — que se gana la vida arrastrando un carrito de helados, del mismo estrato social que uno, rasgándose el overol y vociferando invectivas en favor de los intereses de grandes empresarios y terratenientes, los dueños y señores de los grandes conglomerados económicos de este país. Viven un mundo al revés por ignorancia o tozudez.
Una leidita a la teoría de la estupidez de Dietrich Bonhoeffer salvaría a más de uno.
Un Presidente de la República, llámese como se llame, por el solo hecho de resultar electo como tal no adquiere súper poderes. En una “democracia” este no gobierna solo, a su arbitrio, lo que si pasa en las dictaduras. Por eso resulta a la vez deplorable y cómico, como algunos zafios que salen a protestar en contra del Presidente de la República, al cual falsamente etiquetan de dictador, se vanaglorian de expresar y anhelar a un Presidente tipo Nayib Bukele, haciendo el ridículo. Les preguntan por qué salen a protestar y cuando no tartamudean quedan mudos. Sino, carentes de raciocinio, como animales salvajes, amenazan o agreden a los periodistas. El matoneo es la especialidad de esa clase de gente.
Más fundamento y argumentos tiene un arreado de semovientes.
Un Presidente de la República para poder gobernar necesita de la armonía y cooperación de todas las ramas del poder público, que hasta hace dos años siempre lo hicieron pero para robar en forma conjunta y prodigarse impunidad. A este gobierno lo han atacado de todos los lados con y sin razón. Quedan excrementos de gobiernos anteriores en cargos medios de poder que trabajan articuladamente para petardear la gestión con otros que se han hecho nombrar por desconocimiento o equivocación como el par de escorias del escándalo de la UNGRD.
El entorno cercano, inmediato e íntimo del Presidente también le viene jugando malas pasadas. Anda más de uno desaforado y enloquecido. Así es muy berraco. Si no lo asesinan como a Salvador Allende que es lo que viene empezando a gestar el Imputado Emputado llamando a la desobediencia de las fuerzas armadas — ¡Ajúa! — en procura de su máximo falso positivo, esta Presidencia será recordada como la que no dejaron gobernar en paz un solo día.
A Petro se le debe en gran parte la apoteósica gesta de desarticulación y enjuiciamiento del paramilitarismo, en una época en que la mención de estos y sus cómplices caciques políticos regionales producía incontinencia rectal en la mayoría. Reinaba la Omerta. Esa en una de las principales fuentes de inquina y malquerencia hacia él, subsistente al día de hoy.
“El desarrollo de mis debates durante la época de Uribe me llevó a calificarme como un vocero de la parresía: un hombre que debía tener el coraje de decir la verdad. Creo que parte del país lo entendió así. Y, según la teoría de Foucault, en esa coyuntura mi destino era perecer en el reino del tirano o bien terminar en el ostracismo.
Un número importante de colombianos había aplaudido al tirano, en lugar de solidarizarse con el esfuerzo de encontrar la verdad. No había entendido que el uribismo gozaba del apoyo de la mayoría de la sociedad.”
“Al haber ejercido la parresía, por tanto, producía mucho odio, contrario a lo que esperaba. Ese odio se mantiene incluso hoy en una parte minoritaria de la población. Muchas veces me he preguntado por qué la sociedad colombiana es así. Tal vez la razón es que, de algún modo, los dineros del narcotráfico y de la corrupción han fluido dentro del país de manera voluntaria.
Al final, quizás los colombianos de clase media e incluso de muchos sectores populares perciben que tienen una mejor vida porque ese capital circula en las calles.”
Páginas 259 y 260, Libro “Una vida, muchas vidas”, – Gustavo Petro.
Hablando de gobernantes y gobernanza, para los que hoy en día siguen con sus cuentos de derechas e izquierdas, como la Unión Soviética, eso ya no existe. Y la democracia es una fachada, siempre lo ha sido, detrás se esconde una Autocracia o una Plutocracia.
Actualmente hay una forma de gobierno u organización social, que corresponde mejor a nuestra realidad y a la de muchos países en el mundo. No es nueva, por cierto. Se desarrolló desde 1917 en Rusia de la mano de Lenin: El Estado Unipartidista Antiliberal.
El Estado Unipartidista Antiliberal no es una filosofía política. Es un mecanismo para mantener el poder que funciona a las mil maravillas en compañía de múltiples ideologías, como afirma la Doctora, ganadora de un Pulitzer, Anne Applebaum en su libro: “El Ocaso de la Democracia. La seducción del Autoritarismo.” Y lo hace porque define con nitidez quién constituye la élite, ya sea política, cultural o financiera. El Estado Unipartidista Antiliberal no es solo antidemocrático, es también anticompetitivo y antimeritocrático. Los cargos, puestos, contratos no se otorgan a los más trabajadores o capaces sino a los más leales. Las personas progresan no gracias a su talento sino porque se pliegan a las normas del partido. Es decir, ascienden los aduladores y cómplices que no cuestionan la moralidad de las decisiones de sus superiores.
El Estado Unipartidista Antiliberal es una forma de dictadura blanda que no requiere de una violencia masiva para mantener el poder. Opera apoyándose en un cuadro de élites que dirigen la burocracia, los medios de comunicación, los tribunales y las empresas públicas. Cada uno de ellos entiende muy bien su papel, que consiste en defender a sus líderes por más deshonestos que sean, por más extendida que sea su corrupción y por más desastrosa que resulte su gestión. A cambio, saben que serán recompensados y promocionados. Los más estrechos colaboradores del líder del partido llegan a hacerse muy ricos al obtener lucrativos contratos o puestos en juntas directivas de empresas públicas, sin tener que competir por ellos. Además, gozan de protección, inmunidad e impunidad frente a potenciales acusaciones de corrupción o incompetencia, por muy mal que lo hagan no perderán su trabajo.
Como se pueden dar cuenta, de “izquierda o derecha”, todos gobiernan igual, con sus secuaces aduladores, sin escrúpulos. Son simples grupos con vocación y voracidad de poder que se arropan bajo la ideología de moda que más les convenga para acceder al mismo. Sino repasen la historia “ideológica” del caricato Youtuber, ahora Honorable Senador de la Republiqueta.
Mientras tanto, como ya no está Pablo Escobar, ¡todo es culpa de Petro!
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