Por: Mónica García


Sorprende la facilidad con que se han declarado en esta situación muchos que dicen haber apoyado el gobierno del cambio. La verdad, no se entiende. ¿Fueron tan ingenuos que creyeron que el primer mandato de un presidente de izquierda iba a ser como uno de esos memes en los que el antes es una ciudad destruida y el después un paraíso terrenal? ¿De verdad pensaron que una persona en menos de dos años podía resolver problemas estructurales, decimonónicos, con una oposición cuyos argumentos son inexistentes y con estrategias tan viles que incluyen la desinformación y la mentira y últimamente el tan usado Lawfare? ¿Estaban convencidos de que Gustavo Petro erradicaría una violencia enquistada no solo en las instituciones, sino en nuestra sociedad toda?
Supongamos que uno de esos arrepentidos tiene argumentos puntuales y creíbles como el de la existencia de algunos funcionarios corruptos en esta administración; no le quitemos la responsabilidad que le corresponde al gobierno pero, ¿acaso concebían que una fuerza que apenas pudo poner un par de alcaldes en todo el país contaba con la suficiente burocracia para cubrir, no solo los cargos importantes del Ejecutivo, sino la dirección de las entidades y a su vez mandos medios y contratistas? Fue por esa razón que se intentó crear una coalición de partidos en la que se escogió a personas “idóneas” sin importar su corriente política, algunos de los cuales terminaron traicionando la confianza recibida. ¿Estamos al tanto de las décadas que llevan arraigándose las prácticas corruptas en el Estado?
Se podría argumentar que nuestro mandatario se pasa de ingenuo con el tema de la paz total, pues no se han detenido los asesinatos a líderes sociales y los ataques a la población han arreciado en los últimos tiempos, ¿no entienden lo titánico de querer sacar de la guerra no a un solo grupo sino a tantos y tan variados, algunos que provienen de procesos de desmovilización, otros que nunca participaron en ellos y muchos que no pueden recibir el estatus de actores armados porque no son más que organizaciones criminales, cuando esta se convirtió en su principal forma de vida y en el sostenimiento de muchas estructuras, incluidas las políticas, que se niegan a perder sus negocios y privilegios? Pero, como dijo un líder indígena (quien sí sabe lo que significa poner los muertos) recientemente: “ya antes probamos la confrontación total y no funcionó, la única salida que nos queda es el diálogo”.
Bueno, vamos entonces a otra de las supuestas mentiras: que no se han aprobado las tan mencionadas reformas. ¿Saben los decepcionados quiénes juegan un papel principal en el fracaso de los proyectos en el legislativo? ¡Por supuesto que nuestros políticos de siempre! Los que ahora fungen de preocupados por los intereses de la “población vulnerable” cuando solo defienden intereses privados como los de los dueños de las EPS y los Fondos de Pensiones; son esos miembros de los partidos tradicionales que antes ponían presidentes pero ahora se conforman con algo mucho más lucrativo: la repartición de la torta de las dádivas y las contrataciones; ellos sí, antes como ahora los verdaderos traidores del pueblo.

Lo mejor de todo es que, sorprendentemente, a una gran cantidad de personas que solían apoyar a candidatos con poco interés en fomentar la igualdad o por lo menos disminuir las brechas sociales y que consideraban como desadaptados a los jóvenes desempleados que protestaban, a los maestros que se movilizaban y a las mujeres cabeza de hogar que clamaban por sus derechos, por obra de una repentina conciencia social ahora se muestran muy preocupados por sus necesidades ¡Vaya milagro que hemos visto operarse! Así que, solo por eso, me atrevería a decir que ha valido la pena cada segundo tener un gobierno progresista y popular.
Pero no es a ellos a quienes va dirigido a este texto, porque al fin y al cabo a los que no votaron por este proyecto por razones tan pueriles como que quien está a la cabeza es un exguerrillero no hay nada que reprocharles, sus críticas feroces no son más que un reflejo de su coherencia. Lo que más asombra es el candor de quienes pensaron que el emprendido iba a ser un camino de rosas ¿o es que simplemente se quedaron esperando una tajada del pastel que nunca llegó y eso los tiene un poco amargados?
Dejemos a un lado que el dólar no llegó a la catastrófica suma de 7.000 pesos; que la inflación ha ido en descenso y se mantiene en un solo dígito; que los precios de algunos alimentos bajaron y que no nos hemos convertido en ninguna dictadura (aunque usen el cuento de la Constituyente propuesta por el presidente para aprobar reformas que beneficien a la gente y no para eternizarse en el poder); solo piensen en que, por primera vez en mucho tiempo, tenemos un Estado que no asesina por decreto.
* Lawfare: Se conoce como guerra jurídica, instrumentalización de la Justicia, judicialización de la política o acoso judicial a la utilización abusiva o ilegal de las instancias judiciales nacionales e internacionales, manteniendo una apariencia de legalidad, para inhabilitar o provocar el repudio popular contra un oponente (Wikipedia).
10 logros del Gobierno de Gustavo Petro.
Fuentes:
https://www.larepublica.co/dolar
https://www.larepublica.co/economia/inflacion-en-colombia-en-abril-de-2024-3857127
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