LA MODA DEL SECUESTRO IMPONE SU NUEVO ESTILO

Por: Sobreviviente.

La decisión tomada por los negociadores del grupo criminal del ELN, de suspender el cese del secuestro con fines económicos, aduciendo el incumplimiento de los compromiso y falta de voluntad por parte del gobierno nacional, en la creación del fondo multidonantes, deja en evidencia la crueldad de esta organización al margen de la ley, y su desprecio por la vida.

El ELN, ha sido históricamente el grupo ilegal, que mas incurre en la abominable práctica del secuestro. Un crimen de lesa humanidad que azota sin compasión a los colombianos, sin ninguna distinción, situación que eleva los niveles de preocupación ante la familiaridad que presentamos frente la ocurrencia de este delito. A tal punto que después del secuestro de Mane Diaz, padre del Crack colombiano en las ligas europeas; Lucho Diaz, el artista vallenato, Mono Zabaleta puso de moda una de sus canciones titulada, el Secuestro. La que se ha convertido en todo un éxito musical, cantada y coreografiada por muchas personas en diferentes partes del mundo.

Sin embargo, no todo es fiesta y música lo que rodea a quienes padecen la tragedia del secuestro. El departamento de Norte de Santander y la región del Sur del Cesar; vienen siendo sacudida por esta práctica criminal, creando  zozobra en los diferentes renglones económicos y sociales de la región, la que afecta principalmente a los ganaderos, comerciantes, maestros, líderes sociales y a consumidores de sustancias  alucinógenas, a quienes los grupos armados ilegales se los llevan, en lo que ellos denominan un proceso de regeneración, que termina constituyéndose en un crimen, tipificado en nuestra legislación como secuestro.

En los últimos años la moda del secuestro impone un nuevo estilo. Este delito atroz que en otrora parecía afectar a las familias pudientes, hoy se ensaña  con las personas del común, pero detrás de todo este entramado criminal, del que nadie se atreve a hablar, por el peligro que representa,  mas que la retención ilegal que afecta a los  ciudadanos de bien, nos permite ver a través de una pequeña ventana de donde se escapa un  haz de luz, en medio del oscuro silencio, que sufren los secuestrados y sus familias, están de por medio las rentas ilegales asociadas, con la cadena del narcotráfico.

Durante el tiempo que estuvimos recaudando información, para la realización del siguiente trabajo periodístico, a través de los testimonios ofrecidos por las personas que se atrevieron a contar sus relatos y experiencias, sobre los casos de secuestros y que por razones de seguridad omitimos sus nombres, como al igual los municipios donde se presentan con regularidad este crimen, deja en evidencia la gravedad del asunto.

Nos contaba un poblador, con amplio conocimiento en la región de Norte de Santander. Que, en la temporada de la Semana Mayor o Semana Santa, en una población al interior del Catatumbo, se registraron mas de 16 casos de jóvenes secuestrados, a manos de uno de los dos grupos guerrilleros que ejercen una notoria presencia en la región y que por sus liberaciones pedían, dinero en efectivo y quien no lo tuviera, a cambio le recibían la pasta base de coca, como método de pago para regresar a los secuestrados, sanos y salvo al seno de sus hogares.

¿Qué papel juega la aparición de los carteles de la droga en esta nueva dinámica de la violencia en donde se ha puesto de moda el delito del secuestro?

¿Cómo explicar el secuestro de humildes agricultores y jóvenes estudiantes, por quienes se exigen unas astronómicas sumas de dineros para dejarlos en libertad?

¿Qué tipo de labores investigativas adelantan las autoridades para la prevención y el combate a este grave delito?

Los interrogantes surgen en la medida que nos internamos a través de las líneas de investigación periodística, en lo mas profundo de las regiones, donde atentos escuchamos los comentarios de barrios y veredas de quienes aseguran que, en algunos casos de secuestros, estos obedecen a ajustes de cuentas o retaliaciones entre los varones del narcotráfico y demás economías ilegales.

Ante el sepulcral silencio que guardan las autoridades competentes, como al igual el comprensivo miedo de las víctimas de este delito, a la hora de denunciar, por el miedo a las retaliaciones de los violentos; la sociedad exige mas que un pronunciamiento frente a la ocurrencia de este crimen atroz, con la implementación de medidas que combatan con efectividad el secuestro y demás formas de violencia.

Mientras que por algunas liberaciones se exigen gramos de cocaína y sumas que van desde los seis millones de pesos; Por otros secuestrados se piden a cambio por sus liberaciones, cifras que rondan desde diez mil millones de pesos en adelante a sus familiares, que transitan libremente en el oscuro mundo de las economías ilícitas, quienes son admirados, por su poder económico de dudosa procedencia, mientras que la región se debate entre la moda del secuestro que impone un nuevo estilo y las retaliaciones de los criminales a quien se atreva a denunciar.

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