He escuchado que la mejor forma de honrar a aquellas personas que ya no están, es vivir tu vida como hasta hoy, de esa manera estarán en paz, al saber que no hay nada que te agobia, ese nudo en la garganta que tienes que pasar con un “hay que seguir”.
Una vez dejas este mundo, solo quedan tus recuerdos, en todas las personas importantes que te llevarán en su corazón por siempre.
Así, en cada sonrisa, en cada logro, en cada lágrima de alegría o de tristeza, ellos viven en ti, en tus pasos, en tus sueños, en cada suspiro que das al viento, en cada amanecer que te encuentra despierto.
Vivir sin sombras, sin pesar, es la forma más pura de honrar su memoria, de mantener vivo el amor, ese lazo invisible que nunca se rompe, que trasciende el tiempo y el espacio, uniendo almas más allá de la muerte.
Así que sigue, con fuerza y con calma, con la certeza de que no caminas solo, que en cada rincón de tu corazón, ellos están presentes, guiando tu camino, iluminando tus días, en un eterno «hay que seguir», en un perpetuo «aquí estoy contigo».
«La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos. Los que amamos nunca mueren, solo se marchan antes.»
– Marco Tulio Cicerón
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