Madre te escribo desde la nada para contarte mi frustración mientras el sol muerde la tierra.
Acéptame en la oscuridad el perdón del sabio por mi desamor en tu pecho cálido por mi ausencia en las horas rotas por mi desvarío entre el abismo y la lluvia.
Recuérdame las historias del abuelo que se agitaron como cometas en cada verano de mi solitaria infancia en cada conversación con el cielo detenido en un valle de tulipanes y memoria.
Sugiéreme los colores de la ternura la bendición ante la angustia la fe removiendo montañas y pensamientos.
Enséñame a dibujar el rostro de Dios y aceptarlo como el viento, a entender que la vida es un proceso milenario de flagelación y la muerte el encuentro con la paz.
Atiéndeme en la prolongada agonía con el proverbio perfecto con la poesía en el susurro infinito con la lealtad a flor de labios.
Abrázame en cada mayo con intensidad de relámpago para sentir tu trigueña piel y la fugaz alegría.
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