EMBLEMAS DE LA FILOSOFÍA

Por: Emabar El Sofista

«Filosofar es un arte dialéctico en las entrañas de nuestro ser y a su vez en conexión con la naturaleza.» – Enmanuel Rivero

En el sentido cultural, un emblema es toda representación jeroglífica que enseña, marca e impacta palpablemente. El hombre viene de un largo proceso de hominización desde los génesis del plano terrenal, un proceso constante, persistente, que nunca fue finito, sino infinito; un proceso biológico, bioquímico, neuronal y a su vez psicológico y sensible ante los enigmas de la naturaleza.

En este largo proceso evolutivo, bien hemos hablado de una raza palpable: Homo sapiens sapiens, una raza que no conoce límites, que no se deja guiar solo por la visión, la audición, lo tangible. Aunque el desarrollo sensitivo es innato, lo que caracteriza a esta especie como ente evolutivo es el sin fronteras de su desarrollo sensorial.

Si bien todos hemos escuchado de los famosos socráticos, su trascendencia es infinita y sin fines de lucro, en una auténtica sintonía de autocrítica y redención de la esencia humana: el alma. Sócrates, considerado el padre de la bella y admirable filosofía, se cataloga como un ser en pleno desarrollo sensorial, cuestionando todo por completo, la crítica de sí y para sí, y una continua búsqueda de respuestas en el universo, admirando la infinitud del océano infinito del conocimiento. ¿Por qué Sócrates es un emblema y un ente desarrollado aun sin haber dejado plasmadas obras o algún descubrimiento de impulso para la humanidad? No es el más desarrollado el que más afirma, sino más aún, el iluminado que trasciende fronteras de todo lo que se lee como una apacible literatura. Sócrates fue un impulso para la crítica, un motor para el desarrollo de las ciencias, puesto que todo lo estudiado se plasma en el mundo de las ideas inteligibles y se concreta en lo tangible, representando un impulso para el conocimiento objetivo y subjetivo del ser humano. Como este admirable emblema lo sostuvo: «Conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses.» Para discernir los enigmas del mundo natural, debemos reflejar nuestro ser interior en un lienzo, tal como un artista plasma su obra para así pulir sus artes. Por ese sendero debemos trazar nuestra esencia en ese lienzo de autocrítica para dar a conocer nuestra más virtuosa redención. Sin lugar a dudas, Sócrates marcó una línea infinita sobre la mejor ciencia, que es el estudiarse a sí mismo. Sócrates es el simbolismo de la psicología analítica, de contemplar la sabiduría como un arte mayéutico. Es el simbolismo plasmado en los libros de que somos aprendices de la vida. Así como no abarcamos la infinitud del espacio-tiempo ni siquiera con nuestra imaginación, al comprender nuestra finitud natural, recordamos que aún no comprendemos la infinitud de la conciencia eterna de la naturaleza.

Asimismo, existió otro personaje que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad, quien caminó sobre la superficie de los océanos, trascendió los horizontes, no conoció límites y descendió de los confines del firmamento para hacerse hombre y redimir nuestras debilidades. Es el hijo del hombre, Jesucristo, un ser más que evolutivo, una encarnación viva de belleza, armonía y espiritualidad, un ser imprescindible e inmutable. ¿Y qué relación tiene este ser con la filosofía? Es interesante conocer que, a pesar de la disolución contemporánea entre filosofía y teología, ambas tienen una relación muy estrecha. Este ser, al igual que Sócrates, fue condenado por enseñar la verdad, pero aún más por ser la verdad. Jesucristo demostró al hombre que todo lo que se escucha no es más que confusión para desviarnos del verdadero horizonte y sumergirnos en las tinieblas de la mentira y el error. Fue un personaje vivo y eficaz que mostró el verdadero camino de la virtud. Jesucristo es tan indescriptible que se le puede catalogar como un personaje emblemático de la filosofía, una divinidad sin fronteras en la existencia del hombre.

Por tanto, estos emblemas demostraron con sus actos de gallardía y bondad el verdadero valor de la virtud. No es virtuoso solo el que predica, sino el que sintetiza. Demostraron la esencia de la verdad, tal como Marilyn Johnson dio a conocer matemáticamente los cálculos para escudriñar los misterios de nuestro satélite más cercano, la Luna. De esta noción se dedicaron a ser entes con verdadera evolución en todos los sentidos sensoriales, marcando el valor moral en la humanidad, un legado imprescindible.

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